Juan Vilá

Autor: JUAN MILLÁS
Su historia es un poco como la de la Cenicienta. Asegura que nadie de su familia tenía mucha relación con las carreras y que se afi cionó al reabrir el hipódromo de La Zarzuela, hace dos años. Entonces empezó a montar. Quiso entrar en la escuela de aprendices, pero no la dejaron. Encontró su sitio en las cuadras. Entre semana trabaja de moza: limpia, hace las camas de los caballos, les da de comer, los saca a entrenar... Y algunos fi nes de semana compite y se codea con los mejores jockeys. Debutó el año pasado. En su primera carrera quedó sexta. Luego vinieron dos oportunidades más que le permitieron coger experiencia, pero no destacar. Este año, las cosas empezaron mejor: ganó por sorpresa sus dos primeras carreras, las dos seguidas y las dos con Lord Vell, un caballo con fama de difícil. Dice que, durante la competición no utilizó mucho la fusta. “Le hablaba, le decía: “Venga, venga”, le gritaba... pero sin insultarle”. A sus 18 años, se extraña cuando le preguntan si nunca ha sentido miedo. Eso no va con ella, asegura. Pero tiene clarísimo lo que le gustaría conseguir: de momento, convertirse en jockey profesional; más adelante, tener su propia cuadra.