Juan Vilá

Autor: JUAN MILLÁS
Hace cinco años que llegó a España buscando una oportunidad y la encontró. Su vida siempre ha estado vinculada a los caballos. Durante 20 años montó y se dedicó al salto. Luego trabajó en Inglaterra, su país, ayudando a otros preparadores. Ahora entrena a 35 caballos y aún recuerda su primera victoria. Fue en Mijas, con Guest Envoy, una yegua de su propiedad. Era su tercera carrera como preparadora y pensó que, a partir de ese momento, las cosas iban a ser fácil. Se equivocó. Tardó meses en volver a ganar y tuvo que vender el caballo. Por suerte, se lo quedó el dueño de la cuadra Lisselan Farms, para el que Jennifer prepara otros 25 animales. Él ni siquiera vive en España y le da libertad absoluta para que haga todo lo que considere oportuno. Así, dice, da gusto trabajar, sin presiones ni prisas, haciendo en todo momento lo que considera mejor para sus animales. Lo peor, asegura, es cuando un caballo se rompe, en la carrera o al acabar, cuando no puede más y no queda más remedio que sacrifi carlo. “Es horrible”, asegura. Y entonces, esta mujer sólida, fuerte, que no se queja de nada y asume con naturalidad las duras condiciones de su trabajo, se emociona y reconoce que aún llora al recordar los caballos que se le han muerto.