Silvia Fernández

Autor: EFE
Ni sol ni rubias. Un campeonato de surf femenino no es lo que parece. Es mucho más. Exposiciones, DJ’s, conciertos, ecología, talleres... Maritxu Darrigrand, directora de marketing de Roxy Europa, sabe bien que lo que pasa en Biarritz cada año es mucho más que un campeonato: “No es sólo deporte, es un festival. El surf es
un modo de vida y ésta es nuestra forma de darnos a conocer, con música y arte”.
Primera lección: las olas no se cabalgan, aunque a las surferas profesionales se las llame “riders” (jinete, en inglés). Aún no hemos acabado de bajar las escaleras de la Côte des Vasques en Biarritz, donde está teniendo lugar la última parada del Campeonato Mundial de Longboard femenino (el Roxy Jam) y ya nos hemos quedado sin el primer tópico surfero. Nos quedan muchas sorpresas por descubrir. Como que las competiciones de surf no se anulan llueva o truene. O que no están precisamente pobladas por delicadas ninfas de larga cabellera rubia y dentadura perfecta, que cantan al amor libre mientras tocan la guitarra.
Las mujeres que desfilan por las carpas del Roxy Jam, cargadas con tablas de más de dos metros, tienen músculos cuya existencia desconocía, ríen a carcajadas y comen como leonas. En Biarritz, el glamour lo aporta el público que contempla al campeonato desde la barrera con un bolso Kelly de Hermès colgado del brazo. Pero las protagonistas, las 48 mejores surferas del mundo (incluidas dos españolas), son las que atraen las miradas dentro y fuera del agua, porque ante nuestros ojos están llevando a cabo el mismo trabajo que realiza cualquier atleta de alta competición: calentar, estirar, concentrarse, vigilar las puntuaciones, volver a calentar, sumergirse en el agua helada... Todo para llevarse a casa el título de campeona mundial de la variante más clásica del surf, el “longboard” (la tabla más grande) y los 35.000 dólares del premio (unos 26.000 €).
ENGANCHE ASEGURADO
Nunca mejor dicho, algo tendrá el agua cuando la bendicen y de lo que no cabe duda es de que el surf femenino pasa por un momento dulce. Nunca antes hubo tantos cursillos para chicas ni tantas mujeres dispuestas a sacrificar vacaciones, físico y dinero en aprender a mantener el equilibrio en una tabla que se desliza sobre las olas. Lo explica Nacho García, de la Escuela Cántabra de Surf, un centro pionero en esto de enseñar a coger olas y en desarrollar cursos especialmente dedicados para ellas: “El surf pasó de ser algo que hacían cuatro hippies porretas a una cosa como de extraterrestres. Todo volvió a cambiar hace unos pocos años y ya no eres un raro por hacer surf y puedes viajar con tu tabla a cualquier lugar del mundo a coger olas”.
¿Y en qué se basa la capacidad de seducción de este deporte que ha logrado que las féminas dejen atrás sus complejos y se enfunden un apretado neopreno dispuestas a darse más de un tortazo? De nuevo Nacho García parece tener una explicación: “El surf tiene algo muy bueno y es que desde el primer día te da el mismo de grado de satisfacción que obtiene una persona que lleva toda la vida surfeando”.
Pero, en este “boom rosa”, las marcas femeninas de ropa para surfistas han tenido mucho que ver. Ése es el caso de Roxy, la cara para mujeres de Quicksilver y patrocinadora del Roxy Jam. Después de que el surf masculino y las marcas asociadas a él tocaran techo, les ha tocado a sus homólogas femeninas abrir mercado. Y lo han conseguido de sobra a la vista de los resultados. La receta ha sido simple: ofrecer más que nadie y, además, con el mejor envoltorio posible. Un ejemplo: los campeonatos masculinos de surf son competición pura y dura. Los femeninos, como el de Biarritz, al estar orientados a otro tipo de público, les ganan por la mano en lo que ha entretenimiento se refiere: talleres, clases de surf, exposiciones, conciertos, subastas con fines benéficos, una colección de ropa especialmente diseñada para la ocasión... Y las mejores surferas, a tres pasos, cogiendo olas. ¿Alguien da más por acercarse a una playa?
LA VIEJA ESCUELA
La única preocupación que asalta a los veteranos a orillas de la Côte des Basques, la playa en la que desembarcó el surf en Europa hace 30 años, es si esta nueva oleada de surfistas serán capaces de captar el antiguo mensaje de respeto al entorno y a los demás. O como lo explica Nacho García: “En España, el surf se ha expandido de repente y la gente no tiene cultura de surfista. Y el agua te refresca, pero no te vuelve más inteligente y, si no sabes comportarte fuera del mar, dentro tampoco”.
Algo de todo esto sabe la surfista y directora de marketing de Roxy Maritxu Darrigrand, que coge olas en esta playa francesa desde que las tablas aún eran de madera maciza: “Entonces éramos sólo dos o tres chicas en el agua y los hombres eran muy amables con nosotras. Todo era más fácil: una ola, una persona. Aprendías conocer el mar, a entender la naturaleza, el viento, la marea...”. Mientras, a dos pasos, una surfista llama la atención a un chico por no reciclar correctamente y todas las “riders” comparten carpa y risas. Parece que algo del mensaje, sí queda.
GUÍA PARA NO INICIADOS
Si te ha picado el gusanillo de las olas sigue estas pistas:
• Alquiler. Para iniciarse en este deporte lo mejor es alquilar el equipo, ya que una tabla de surf sencilla no baja de los 600 €. Alquilar un traje de neopreno y la tabla durante todo un día ronda los 25 €.
• Escuela. El surf está de moda y, desgraciadamente, hay mucho intrusismo. Si deseas hacer un cursillo o un campamento para aprender Nacho García (telf.: 942 510 615), de la Escuela Cántabra de Surf, recomienda fiarse del boca a boca antes que de una oferta de internet.