Mujeres de hoy

Barbara Boxer y Carly Fiorina: dos mujeres disputándose la mayoría del Senado

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La arena de esta lucha, California. El trofeo: Washington. Las luchadoras: Barbara Boxer y Carly Fiorina. La audiencia: toda la clase política de EEUU. Porque el premio gordo de estas elecciones legislativas es la Cámara Alta, y ahí las encuestas no logran predecir si el 2 noviembre caerá en manos del Partido Republicano o la seguirán controlando los demócratas.

Quien lo haga presidirá los comités que con sus investigaciones determinan el curso del país. Varios son los estados que pueden tener la última palabra, pero si alguien tiene dudas de quién está aguantando las velas, basta seguir los pasos del presidente Barack Obama, de su esposa Michelle y de la del vicepresidente Joe Biden. Todos han hecho varias paradas en California durante la última semana para apoyar a Boxer, porque su asiento puede ser el 51 escaño que defina el éxito o el fracaso de los demócratas en estas elecciones.

Después de 28 años en el Senado y 38 en el Congreso, esta veterana ve peligrar su carrera por una recién llegada, y eso, precisamente, es la característica de estas elecciones. "La gente está tan cabreada y frustrada con el sistema que está dispuesta a votar por cualquier cosa" que no sea lo que está gobernando, explicó en entrevista con CNN el analista satírico John Steward. "Esta es la mejor oportunidad que tiene una taza de cereales de llegar al Congreso", bromeó.

Sharron Angle en Nevada o Christine O’Donnel en Delaware han demostrado al Partido del Te que basta con poner por delante la cara más opuesta al político tradicional para que los votantes se refugien en ella para demostrar su cabreo. Es un voto de castigo contra quienes forman parte del sistema, empezando por Boxer. "Mi oponente lleva 38 años representando a California en Washington, mientras que a mí hace un año no me conocía nadie, y sin embargo ahora estamos empatadas", analizó Fiorina el domingo en una sinagoga judía.

En realidad la revista Forbes calificó a la ex consejera delegada de Hewlett Packard como una de las 100 mujeres más poderosas del mundo de los negocios en EEUU, y su nombre se barajó como candidata a vicepresidenta de John McCain en las elecciones que ganó Obama, pero dado que la mayor parte de su vida ni siquiera ha votado, como documentó Los Angeles Times, parte de verdad no le falta. "No soy una experta en política sino una recién llegada, así que estoy muy contenta con mi posición en esta lucha. Si yo fuera ella estaría preocupada". Y Boxer lo está.

El jueves, después de recaudar 150.000 dólares con la ayuda de Michelle Obama y Jill Biden, le cayó en las manos una encuesta en la que por primera vez en mucho tiempo se salía del margen de error, así que en pocas horas convocó a la prensa a un acto con voluntarios de campaña. "Estamos por delante, pero la única encuesta que cuenta es la de las urnas, y si la gente se queda en casa no servirá de nada", imploró. La escuchaban unos 50 voluntarios, la mayoría jubilados con mucho tiempo libre que se estrenaban en el oficio. "Fiorina no ha hecho nada en política en su vida, no sé por qué ahora se empeña en ser senadora, será que le atrae el poder", dice Brad Keistler, de 68 años. "Mientras que Boxer lleva muchos tiempo defendiendo las cosas en las que creo. Bueno, yo estoy mucho más a la izquierda que ella", reconoce.

Por eso Boxer les dice que tienen que mandarla de vuelta a Washington para asegurarse de que se derroga la ley del "No preguntes, no digas", que discrimina a los gays en el ejército, les recuerda que velará por el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, y todo aquéllo en lo que creen los californianos: "Aire limpio, igualdad para todos...". Fiorina, por su parte, habla a una audiencia de derecha donde una empresaria que no quiere dar su nombre llama a Obama "socialista" porque defiende la redistribución de la riqueza, con lo que ella no comulga. "Quien gane más dinero, mejor para él", apostilla.
 
A su lado, Curt Mitchel, que trabajó hace 30 años para Al Gore cuando éste era diputado, cree que hoy "Kennedy no sería presidente porque estaría demasiado a la derecha para esta formación", asegura. Para él todos los temas giran en torno a uno que a su juicio los demócratas ignoran: la amenaza del extremismo islámico. Por eso dice haberse hecho republicano. "¿Y qué posición tiene Fiorina en esto?", se le pregunta. Se queda pensando sin encontrar respuesta. "Pues la verdad, nunca la he escuchado decir nada al respecto".

La mujer que fusionó Hewlett Packard con Compaq aparece con un elegante traje de chaqueta de diseño, sandalias de tacón y una camiseta de encaje negro y rayas de puma. Habla con voz dulce y tono de predicador y se define como la encarnación del sueño americano. "Sólo en EEUU una mujer como yo podía llegar hasta aquí", suspira esta hija de un decano de universidad y un artista de pintura abstracta, casada con un ejecutivo de AT&T.

En la campaña de la crisis explota sus conocimientos sobre el mundo de los negocios que le permitirá crear empleo, aunque sus opositores recuerdan que en Hewlett Packard despidió a 18.000 empleados, y sólo lamenta no haberlo hecho más rápido. Boxer, que mide metro y medio, no oculta sus arrugas ni la mirada de águila que le permite escrutar todo con la habilidad de quien lleva tres décadas manejando el juego político. Por eso 20 minutos después de que salga por la puerta y se vayan las cámaras sus asesores desmontan todo, como un escenario de cartón piedra, y mandan a casa a los perplejos jubilados, que minutos antes estudiaban qué decir por teléfono a los indecisos.

La realidad es que hace dos años los jóvenes entusiastas que impulsaron a Obama desbordaban los locales de campaña mientras que ese día el Great Hall del Parque Plummer, en West Hollywood, casi lo han llenado de figurantes. La esfervecencia del cambio se ha transformado en una marea roja que amenaza con hacer realidad el eslogan de Obama, dos años después.

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