Isabel Navarro

Autor: EL CORREO
Blanca Marsillach es actriz, productora y gestora. Es responsable del Teatro Fígaro, recientemente rebautizado como Fígaro-Adolfo Marsillach en honor a su padre.
"Ésta es una forma de vida apasionada que, como todos los amores, unas veces te quema y otras te hiela. Nací en el teatro, así que lo mío, más que una decisión, fue un destino. Mi momento mágico fue la inauguración del Teatro Fígaro-Adolfo Marsillach, sobre todo por la presencia de los príncipes; y el peor, el velatorio de mi padre en el Teatro Español. Cuando murió, le escribí una carta donde le decía que iba a terminar lo que él había empezado y se la metí en el bolsillo.
¿Ser mujer y empresaria marca la diferencia? Al menos, espero que anime a otras. Se puede ser mujer, e incluso atractiva, y tener la misma capacidad que cualquier otro empresario. Nuestra presencia en este campo es un soplo de aire fresco. La mayor parte de mi equipo es femenino. Creo que somos más rápidas y resolutivas, y que tenemos la capacidad de hablarlo todo. Es una suerte. Eso sí, producir consiste en desayunar, comer y cenar teatro. Todo lo relacionado con el dinero es complicado, lo más difícil e ingrato de la profesión".