Trabajo

Danza en la 8ª planta

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Hoy es un gran día en el aula hospitalaria de la unidad materno-infantil del Hospital Doce de Octubre de Madrid. El Teatro Real y la Fundación Saludarte han organizado una taller de danza y música para los niños hospitalizados. ¿Su objetivo? Promover los beneficios de la musicoterapia en el estado de ánimo de estos pequeños pacientes.

10:25 h. Llegan los primeros invitados.
 
Unos vienen sonriendo; otros, expectantes y otros, asustados. Leticia Barroso, de nueve años, trae su “gasolina”, como llaman al goteo. Coge sitio y espera a que comience la clase. “A pesar de que está revuelta, ha preguntado cuánto faltaba desde que se ha despertado”, afirma Oliva, su madre, que no se separa de ella desde que en noviembre le diagnosticaron leucemia. “Me gusta bailar y voy a clases de ballet y sevillanas. Estoy deseando aprender pasos”, explica Leticia.

Familiares, voluntarios y personal sanitario se han apuntado a esta cita con la música y la danza impartida por Nadia Adame, que termina de repasar los juegos, mientras José Luís Sendarrubias, bailarín de la compañía “Y” que dirige Nadia, selecciona la música.

10:45 h. Comienza la clase.

No cabe ni un alfiler en el improvisado escenario, decorado con dibujos y lleno de libros y juguetes. “Hola, me llamo Nadia, soy bailarina y actriz, y llevo una muleta, porque tuve un accidente de tráfico a los 14 años. Pero, a pesar de todo, he hecho realidad mi sueño de ser bailarina. Os propongo participar en una clase de movimiento. Mi objetivo es que aprendamos que, pese a nuestras limitaciones, podemos movernos y bailar”, explica. Antes de empezar, propone a los niños que se presenten, mientras se pasan de unos a otros una pelota imaginaria. Los “peques” dicen sus nombres: Brian, Byron, Leticia, Rebeca, Michel, Natalie, Laura, Álvaro y Alex. Un aplauso de los mayores les hace sonreír.
 
11:00 h. Primer juego: el pincel mágico.

Apoyada en su muleta, Nadia propone a los niños que se conviertan en un pincel gigante y pinten la sala. “¿Qué color usamos para el techo?”, pregunta. “Rosa”, dice Laura, de ocho años, que levanta un brazo y simula que colorea desde su silla. “Ahora pintaremos con la nariz”, les anima la bailarina. Y Natalie, desde su silla de ruedas, mueve la nariz mirando hacia el techo. “Pensaba que no iba a poder participar, pero se puede bailar moviendo las manos o la cabeza”, comenta Natalie, de 14 años. “¡Y ahora con el ombligo!”, grita José Luís, y los niños sueltan una carcajada mientras mueven la cintura. También los mayores participan.

Mª Eugenia Laguía, supervisora de enfermería infantil, no para de animar: “Estoy emocionada al verles participar. Estas actividades son fundamentales para su recuperación. Por unas horas, se olvidan de la enfermedad y de que están en el hospital”. Para la siguiente actividad necesita un voluntario. “¡Yo! ¡Yo! ¡Yo!”. Los candidatos se multiplican. La afortunada es Rebeca, que ha venido a visitar a las enfermeras que la cuidaron. “Para jugar al espejo, nos colocamos por parejas”, dice la bailarina. Al ritmo de la música, la bailarina mueve la pierna derecha y Rebeca la imita. En el otro extremo, Álvaro, de 12 años, hace de espejo y Kelia, voluntaria de Cáritas, es su reflejo. “Cambio de parejas”, grita José Luís. Los niños buscan compañero. La música se detiene y todos paran. “Es la primera actividad con una bailarina con una minusvalía física. A los niños les viene bien ver cómo se superan las dificultades”, señala Mª Ángeles Alonso, maestra del aula.

11:15 h. El aula es una fiesta.

Casi ningún niño sigue sentado. La música, las voces de los críos y las palmas de los mayores llaman la atención a los que pasan por el pasillo y algunos entran. Como Elena, estudiante de enfermería: “Se lo están pasando bomba. Y eso que los mayores no querían que los bajáramos”. Una enfermera se acerca a Alex y le dice: “Cielo, se te ha acabado la “gasolina”. Tras colocarle una botella de suero, Alex sigue bailando con Karen como si nada. “Todos a sus sitios, cambio de juego”, dice Nadia, que empieza a notar el cansancio. “Ahora vamos a construir una cadena con movimientos. Tendréis que recordar el que ha hecho el compañero anterior para que la cadena siga. ¿Empezamos?”, pregunta. Rebeca mueve la cintura, Álvaro hace que nada, Leticia mueve los hombros, Laura gira la cabeza, Alex hace que estornuda, Brian da una palmada y Byron se tapa los ojos con las manos. “Ahora más rápido y más exagerado”, anima Nadia. Los niños la imitan y la sala estalla en aplausos.

12:15 h. Fin de la clase.
 
“Quiero daros las gracias por venir a esta clase de danza y música tan divertida y espero que os los hayáis pasado bien. Gracias también por la colaboración de los mayores. Para poner punto y final, me gustaría que todos bailáramos juntos”, dice la bailarina. El aula se convierte en un salón de baile donde niños y mayores se mueven. “¡Jo!, no quiero que se acabe la clase. Ahora que me lo estoy pasando bien”, dice Brian, mientras que su hermano Byron le enseña a su madre como baila hip hop. “Ves, mamá, qué bien lo hago, he aprendido solo” dice. En otro rincón se ha organizado un pequeño tablao: Rebeca se arranca a bailar flamenco mientras su madre toca las palmas. “¡Bravo, guapa!”, jalean las enfermeras. “Me lo he pasado fenomenal. Cuando estuve enferma, venía al aula todos los días. Aquí hacía amigos y se me pasaba el tiempo más rápido”, dice Rebeca que de mayor quiere ser enfermera.

Poco a poco, los niños desalojan el aula y regresan a sus habitaciones. Karen, con pijama rosa, se acerca a Nadia para confesarle un secreto: “De mayor quiero ser bailarina, como tú”. “Seguro que lo serás”, contesta Nadia emocionada. Ya solos, Adame y José Luís recogen el material. “Hasta los niños que al principio se negaban a jugar, al final han participado. El objetivo era sacarles un par de sonrisas, que se olviden de dónde están y que se diviertan. Misión cumplida”, concluye Nadia mientras en su rostro se dibuja una gran sonrisa.

LOS BENEFICIOS ANÍMICOS Y FÍSICOS QUE ESCONDE LA MÚSICA

“La musicoterapia utiliza el sonido, el ritmo, la armonía y la melodía para facilitar y promover la comunicación, el aprendizaje y la expresión”, explica Mª Jesús del Olmo, subdirectora un master sobre musicoterapia de la Universidad Autónoma de Madrid

Entre sus beneficios hay que resaltar que “mejora la concentración y la coordinación, ayuda a provocar respuestas motoras, favorece el desarrollo del lenguaje, potencia el equilibrio emocional y estimula la atención y la memoria”, explica. 

Esta terapia no tiene edad, y mejora tanto el estado anímico como las respuestas físicas de quienes la siguen.

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