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Diane Kruger: “Mi madre quería que fuera contable”

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De niña, Diane Kruger quería ser bailarina, pero una lesión en la rodilla se lo impidió. Después, vinieron los años de modelo, el éxito rápido, las campañas de Giorgio Armani, Dior, Chanel, el cambio de registro en la escuela Florent... Su ex marido, Guillaume Canet, fue el primero en darle un papel en su película, “Mi ídolo”. Unos cuantos presupuestos hollywoodienses después, miss Kruger encarna a una agente doble, que se enfrenta a los nazis, en la última película de Quentin Tarantino, “Malditos bastardos”, que se estrenó esta semana. Mucho más transparente en la vida real, asegura que su nueva profesión la ha ayudado a luchar contra sus temores y demonios. En los salones del Hotel Montalembert, en París, nos descubre sin tapujos sus emociones y debilidades con su actual pareja, el actor Joshua Jackson.

MUJER HOY. Hablando tres idiomas, ¿es cierto que tuvo que convencer a Tarantino de que podía encarnar a una alemana?

DIANE KRUGER. Al principio, Quentin no quería conocerme, porque quería ser libre en la elección de sus actores. Cómo sólo me había visto en producciones de Hollywood, estaba convencido de que era americana. Así que tuve que esperar algún tiempo para convencerlo de que me recibiera. Pero la química entre nosotros se estableció inmediatamente.

MH. Actualmente, vive entre París y Los Ángeles. ¿Queda algo alemán en su estilo de vida?

DK. Algunos tópicos: soy puntual, me gusta la disciplina, la cocina alemana, las salchichas… Pero, sobre todo, muchos recuerdos. Crecí en el campo, en un pequeño pueblo situado cerca de Hannover. Mi infancia tuvo momentos maravillosos: vivíamos rodeados de bosques, cerca de un lago inmenso. Por supuesto, no todo era fantástico. Mi padre estaba enfermo, era un alcohólico y se divorciaron cuando yo tenía 13 años. Pero, en general, guardo un sentimiento de libertad extraordinaria.

MH. ¿Qué recuerdos perviven de aquella niña?

DK.
Iba a un colegio católico, muy rígido y estricto. Me han quedado esos valores pero, al mismo tiempo, despertaron en mí un fuerte sentimiento de rebeldía. Aún hoy, tengo problemas con la autoridad. No soporto que me digan “No puedes hacer eso”, sin más explicaciones. También tengo cierto rechazo hacia la vida demasiado ordenada, pero soy capaz de admirar ese estilo de vida en los demás. Una de mis mejores amigas, que vive en París, es ama de casa, admirablemente feliz. y se siente realizada con sus hijos. En realidad, admiro a la gente que sabe lo que le conviene y elige en consecuencia.

MH. Sin embargo, reivindica su atracción por una vida sencilla.

DK.
Evidentemente, me encanta ir a Cannes para el Festival, a un hotel maravilloso y ponerme un vestido sublime. Todo actor tiene un lado narcisista. Al mismo tiempo, quizás por contraste, me encanta la sencillez. No tengo coche, vivo en un bonito barrio de París sin lujos y me gusta irme de vacaciones con una mochila. Este año me fui con mi chico a México, a una reserva ecológica. Fue increíble.

MH. ¿Está comprometida con el medioambiente?

DK.
Lo intento. Vendí mi coche y ahora monto en bicicleta. También he colocado paneles solares en mi casa de Los Ángeles. Sé que no es mucho y que podría hacer mucho más.

MH. Acaba de cumplir 33 años. ¿Cómo ve el futuro?

DK.
Tendrías que preguntármelo dentro de 30 años. Hace tres años, entendí que mi vida privada, mi vida de mujer, era tan importante como mi trabajo. He aprendido a rechazar proyectos y a decir no. Necesito tiempo para mí y para mi chico. En los próximos años, esto implicará forzosamente fundar una familia. Hasta hace poco, tenía la impresión de que estaba sola y luchaba sola. Pero ya no me apetece en absoluto.

MH. ¿Qué ha causado esta toma de conciencia?

DK.
Conocer a Joshua. Con él, todo parece más fácil. Hace que mi vida sea más bella. Hay que conocer a la persona perfecta en el momento adecuado. Ahora, estoy por fin en la edad en que puedo darme cuenta de la suerte que tengo.

MH. En 2006, se divorció de Guillaume Canet tras cuatro años de matrimonio. ¿Cómo se encuentra ahora?

DK.
¡Sé que no volveré a casarme! No soy creyente y no tengo ninguna fantasía sobre el vestido blanco ni el amor eterno. Creo en el compromiso, pero pienso que hay que comprometerse con la mente y el corazón, no sobre un papel. Esto no significa que lamento haber estado casada. Entre Guillaume y yo había un amor apasionado y romántico, sólo que éramos demasiado jóvenes, y no lo conseguimos.

MH. Con Joshua, forma una pareja muy natural…

DK.
La vida que lleva me conviene. Le apasiona la naturaleza y me encanta. Me recuerda a mi infancia. En verano, solemos viajar a la Toscana a probar vinos.

MH. ¿Cómo se conocieron?

DK.
Habíamos coincidido un par de veces en alguna fiesta, pero todo empezó cuando me dijo que quería salir con alguien distinto. Entonces pensé: “En realidad, es a mí a quien le gustaría salir contigo”. Creo que después le llamé para invitarle a cenar…

MH. ¿Confía en si misma?

DK.
Tengo los mismos complejos que cualquier otra chica de este mundo. Confío mucho en mi misma porque he sido modelo, sé que soy fotogénica, pero a veces me veo gorda y fea, y también tengo granos. No soy un cañón que, cuando entra en algún sitio, atrae todas las miradas. Tampoco estoy constantemente en plan seductor. Cuando yo era niña, mi madre nunca me hablaba de mi buen físico. Su rollo era: “En esta vida hay que trabajar para conseguir algo. Ella quería que fuera contable”.

MH. ¿Es cierto que el diseñador Karl Lagerfeld es como un segundo padre para usted?

DK.
Adoro a Karl. Tengo una relación muy afectiva con él. Me fascina. Lo conoce todo, me habla de escritores y músicos de los que nunca he oído hablar. Deseo sinceramente ser como él cuando llegue a su edad.

MH. En la película “Malditos bastardos”, interpreta el papel de una agente doble. ¿Qué relación mantiene con la mentira?

DK.
Conozco a tantos actores que llevan una doble vida… Me angustia, no quisiera vivir así. Si me entero de que me han mentido sobre un asunto grave, puedo reaccionar con violencia. Hace unos años, salí con un hombre que me engañaba, y me di cuenta que muchos amigos lo sabían, pero me lo ocultaron para no hacerme daño. Fue lo peor de todo. Esto me llevó a dejar de ser modelo y cambiar de vida.

MH. ¿Es feliz en su vida como actriz?

DK.
No podría haber hecho otra cosa. Esta profesión me ha ayudado a encontrar mi equilibrio y a exteriorizar mis emociones. Me ha permitido deshacerme de temores. Quentin Tarantino es muy exigente, pero le gustan las mujeres fuertes, astutas, y saca lo mejor de cada una en sus películas.

UNA AGENTE DOBLE EN LA ALEMANIA NAZI

En “Malditos bastardos”, Kruger encarna a Bridget von Hammersmark, una actriz alemana que trabaja en secreto para los aliados y acaba uniéndose a la cuadrilla de Brad Pitt para asestar un golpe a los nazis.

Su papel fue uno de los últimos en decidirse, pero Tarantino y ella se llevaron bien desde el primer momento. “Ella entiende el humor de Quentin”, afirma la productora ejecutiva Erica Steinberg. Diane Kruger, por su parte, afirma que “Quentin es un gran director. Se preocupa incluso de los actores que están en segundo plano. Lo ve todo”.

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