Inmaculada Ruiz

Autor: EFE
Descubre cómo es la cantante portuguesa más de cerca. Pontes nos revela su destino para perderse, su mejor compañía, su color fetiche, sus recuerdos de la infancia, sus armas de seducción...Su via en pequeños detalles.
Me perdería en África, el continente entero.
Y me llevaría a mi hijo José Gabriel, que tiene seis años.
Mi vida es de color púrpura. Por todo: el amor, la alegría, el sufrimiento, la risa... En mi vida nunca hay término medio. Siempre digo que cada año de mi vida vivo cinco.
Siempre llevo una cruz que mi hijo se encontró en una roca.
De mi infancia conservo un piano blanco pequeñito... Pero sólo en la memoria. Mi hermano y yo nos peleamos por él y mi padre lo destruyó [risas]. ¡Pobre! Lloré durante ocho días seguidos y me regalaron un xilófono con dibujos de animales. No tenía semitonos, pero al menos sonaba.
Para estar en casa me pongo lo más cómoda posible y me quito los zapatos. Puedo pasarme el día entero en pijama y me gusta la ropa amplia, vieja y de algodón.
Mis armas de seducción con los hombres son la sensibilidad y la inteligencia.
Mi comida de los domingos consiste en sopa de gallina con menta. Es un plato fantástico.