Inmaculada Ruiz
Descubre cómo es la cantante española más de cerca. Pontes nos revela su destino para perderse, su mejor compañía, su color fetiche, sus recuerdos de la infancia, sus armas de seducción...Su via en pequeños detalles.
Me perdería en Granada, sin duda alguna. He conocido auténticos paraísos, pero no he encontrado nada que se le pueda comparar.
Y me llevaría a mis hijos. Me encanta enseñarles la ciudad, a mi familia, mi gente... Vivo en Málaga, un lugar maravilloso donde me siento muy querida. Pero el lugar de mi vida es Granada.
Mi vida es del color que necesito cada día: a veces me hace falta un tono vivo y elijo un turquesa; otras quiero un día rojo pasión, o me viene mejor el violeta sutil de la tarde, para envolver sensaciones antes de que llegue la noche.
De mi infancia conservaba una muñeca de ganchillo que me hizo mi abuela Encarna. Se me perdió en un viaje y me llevé un disgusto gordísimo. Pero me enseñó que en la vida lo importante no es perder la alianza de bodas, sino que vaya por dentro. Tenemos que saber desprendernos de las cosas.
Para estar en casa me gusta la comodidad. Si por mi fuera andaría siempre desnuda. Me gustaría no depender de la ropa, del tener que taparme para que no me vean. Yo me quiero tapar sólo si tengo frío.
Mi arma de seducción es el humor. Así seduje a mi marido. No hay mejor manera de hacer renacer a alguien que hacerle reír, diciéndole: “Ahora te voy a llevar a una nube donde no va a poder subir nadie más que tú y yo”.
Mi comida de los domingos es, de toda la vida de Dios, el cocido madrileño.