Rafa Pontes

Autor: MARIO SIERRA
Ha sido modelo, presentadora... y, sobre todo, blanco de la más malintencionada prensa rosa. Ahora vuelve a su faceta más querida, la de actriz, con “Los años desnudos”, una película sobre la España y el cine del destape.
Cuando era joven, siempre sentí mucha necesidad de ser importante para mi familia –afirma–. Quería ser alguien. Eso me llevó a hacer cosas que ahora no habría hecho. Me han llegado muchos guiones sin sentido, que buscaban aprovechar el tirón del personaje Mar Flores. Y, aunque mi camino iba por otro lado, también sentía cierta ansiedad por trabajar. Pero la medalla de haber sabido esperar y haber hecho las cosas bien, ahora sí, no me la puedo poner sólo yo. Mi gente de confianza me ha ayudado”. Mar Flores es una señora, y tiene aspecto de haberlo sido incluso en sus peores momentos. Espectacular a sus 39 años, llega a los cines con “Los años desnudos”, una película sobre el cine de destape que la ha devuelto al gran público.
MUJER HOY. Estará contenta. Las críticas han sido buenas y no la han machacado. ¿Qué prefería entre estas dos opciones?
MAR FLORES. Estoy contenta, pero a la expectativa, por si llega la paliza. Nunca bajo la guardia y he aprendido a no esperar nada, ni bueno ni malo. Me he concentrado en hacer bien mi trabajo, que terminó con el rodaje. He ganado en seguridad: aunque me despellejaran, tengo fuerza para levantarme y luchar por ser mejor actriz.
M. H. ¿Cuál fue su primera impresión cuando se vio en este filme?
M. F. Me creí lo que estaba viendo, eso fue muy importante. No quiero ser actriz para verme bonita, sino para comprobar que puedo ser distinta y lo que puedo llegar a dar. En parte, objetivo conseguido.
M.H. Su primera escena no deja lugar a dudas sobre su capacidad de “hacerse” distinta.
M.F. EE. UU. nos vende que los actores deben ser guapos. Penélope Cruz es una belleza, pero su carrera despuntó con un papel de prostituta para el que le ensuciaron la cara. Así que, en cierto modo, la belleza no transmite credibilidad. Empezar la película poco agraciada fue una gran decisión.
M.H. Llevaba mucho tiempo sin trabajar. Imagino que eso supone más responsabilidad a la hora de elegir bien el proyecto.
M.F. Me sedujo desde el principio. Pero también tuve miedo y esa mezcla funcionó. Me gusta tomar decisiones que estén en el límite; sobre líneas arriesgadas, siempre se tiene más éxito.
M.H. ¿Cómo se preparó para interpretar a esta actriz del destape?
M.F. Tuve que destrozar todo lo que acababa de aprender en un curso de dicción, porque mi personaje viene de un pueblo y no sabe pronunciar. Empecé a crear sobre una época que desconocía, gracias a la documentación y a los directores. Para el trabajo de contención de Eva, ví trabajos como el de Julianne Moore en “Las horas”. Y luego iba con mi cuaderno a todas partes, para que no se me escapara nada.
M.H. Si fuera mal pensado, le diría que ha vuelto al cine gracias a que ha producido su propia película y se ha rodeado de un gran equipo.
M.F. La realidad no es así. Cuando me ofrecieron este guión, decidí reducir parte de mis honorarios y tomar parte de la producción: mis inquietudes en el cine también están tras la cámara. He esperado tanto tiempo este papel que no me podía quedar quieta, sobre todo tras haberme preparado con cursos sobre producción e incluso dirección de cortos.
M.H. Creo que, en el rodaje, ha surgido una estrecha amistad entre Mar Flores y Candela Peña, dos ejemplos casi opuestos de mujeres.
M.F. Candela, Goya Toledo y yo no nos conocíamos, pero trabajamos mucho para conseguirlo. Teníamos que ensayar una escena en la que se nos veía muy unidas y nos fuimos a pasar un día a mi casa. Pero no surgió el momento de trabajar. Hablamos, comimos, nos bañamos en la piscina... y alcanzamos tal complicidad que en los ensayos nos entraba la risa. Las relaciones surgen entre personas distintas; si no, no hay nada que aportar. A Candela, imagino, le habré aportado otra perspectiva de la vida. Ella conserva una parte hippy que yo tenía cuando era joven. La tuve que dejar a un lado, pero me sale. Y con Goya ha sido alucinante. Había momentos en que no sabía si me hablaba ella o su personaje.
M.H. En estos días, se habla de su resurrección. ¿Lo ve usted igual?
M.F. Me llama la atención que se vea así. Es agradable leer eso, porque transmito una forma de vida que no he preparado.
M.H. ¿Cómo recuerda ahora el rodaje de “Resultado final”, de Juan Antonio Bardem, y las críticas que recibió?
M.F. Me quedo con lo que dijo un prestigioso crítico: “Lo mejor de la película es que la cámara ama a Mar Flores”. No debía de estar tan mal. Pero un actor no puede rehacer un guión ni una película. Mi momento personal era muy complicado y creo que lo salvé, pero la prensa sensacionalista no pudo aplaudirlo. Me limité a hacer mi papel, lo que me mandó Bardem y estaba en el guión. He visto primeros papeles de grandes actrices y no estaban tan trabajados.
M.H. Pronto cumplirá 40 años. ¿Es usted la prueba de que nunca es tarde?
M.F. Ahora que estamos en crisis, pienso que eso es lo que ha pasado con mi vida. Pero tras una crisis siempre hay una gran oportunidad, y es lo que me toca ahora. He madurado y quiero agarrarla.
M.H. Parece coherente que admita sus crisis, esas muertes y resurrecciones que ha vivido los últimos años.
M.F. Se aprende de lo bueno y lo malo, pero lo malo es más interesante, quedan las cosas más claras. He sufrido mucho, pero lo que he aprendido está en mis arruguitas y mi dolor de corazón. Y me ha hecho madurar a velocidad supersónica. Además, al enamorarme de mi marido me olvidé de prejuicios y egoísmo. Me he hecho más flexible. Con él sólo he aprendido generosidad.
M.H. ¿En algún momento ha sido egoísta?
M.F. Sí, pero todos los solteros lo son: trabajas en un proyecto de vida para ti. Cuando tienes un hijo, ya hay que dejar todo aparte.
M.H. De momento, tiene tres. ¿Seguirá?
M.F. No lo sé. Tengo un instinto maternal tan grande que a veces me da miedo, y muchas ganas de dar amor. Hablaré con mi marido, a ver si está igual. Si no, tendré que montar una guardería [risas]. Me encanta la espontaneidad de los niños.
M.H. ¿Cuándo Mar Flores era niña, soñaba con ser modelo?
M.F. Estaba muy acomplejada. A los 12 años medía 1,80 m, era desgarbada y tenía poco pecho. Quería ser como mis compañeras, más bajitas y formadas. Pero mi diferencia me hizo destacar y me presentaran a un concurso de belleza.
M.H. ¿Cuántas etapas diferentes ha vivido?
M.F. He tenido momentos frívolos, divertidos, cursis, glamourosos... y ahora estoy minimalista. Me he dado cuenta que no necesito ni quiero nada, que me siento mejor cuanto más libre voy. No llevo ni joyas, sólo mi alianza. Todo lo que vives en exceso, luego lo detestas.
M.H. ¿Se ha merecido alguna de las cosas malas que le han pasado?
M.F. Nadie se merece nada, bueno o malo. No tengo la culpa de que se haya vendido la historia de esta forma. Es humano equivocarse, y yo he cometido muchos errores.
M.H. Su mayor problema, tal vez, ha sido que se aireara su vida privada, sobre todo por parte de otros. Pero ahora está mejor que ellos.
M.F. No me gusta la venganza. Si he hecho daño a alguien, que seguro que sí, ha sido de forma inconsciente, movida por la pasión o las ganas de vivir y arriesgar. Pero la vida pone las cosas en su sitio. Para evitar sensaciones negativas, no miro más allá de mi entorno. No es sano mirar al pasado ni ver cómo les va a otros.
M.H. ¿Qué hace cuando se encuentra con esa gente del pasado?
M.F. A veces es divertido. Mucha gente no olvida, sigue con la misma actitud que hace 10 años. Es muy poco inteligente: la vida avanza y uno tiene que hacerlo también. Cuando me encuentro con alguien, soy educada y una señora. Sé estar.
M.H. ¿Llegará el momento en que unas memorias dejen claras quién es realmente Mar Flores?
M.F. Ni se me pasa por la cabeza. Han escrito tantas historias sobre mí que es más divertido dejarlo así. Y la versión real no se la iba a creer nadie. A mí me vendían como una Marlene Dietrich a la española, malísima, frívola y maltratadora de hombres. Así que, en el fondo, siempre he sido actriz. Saludaba a los periodistas que ponían verde a mi madre. Siempre he sabido interpretar lo que me tocaba.
M.H. ¿Mar Flores, el personaje, ha muerto?
M.F. Gracias a Dios, el personaje que inventó la prensa sensacionalista, ha muerto. Pero a Mar Flores le queda guerra por un tubo. Todo lo que he sufrido lo tengo ahora para dar.
Mar, diseñadora
Tiene tres guiones de cine y uno de teatro sobre la mesa, pero dedicará los próximos meses al posicionamiento de su marca, Mar Mar Flores. Han sido cuatro años de esfuerzos que ahora, se convierten en resultados: una línea textil de hogar y cocina. “Gracias al trabajo de Joaquín Reina, que ha confiado en mí, me atrevo incluso con cristalería y vajilla”, dice.
Ella define Mar Mar Flores como una colección fresca, moderna, diaria y cosmopolita. “Tengo una parte muy creativa –dice–, he sido modelo, actriz, pinto, decoré mi casa...”. Ella decidió embarcarse en esta aventura cuando comprobó el éxito de los productos para cuyas marcas prestaba su imagen: “Pensé en invertirlo de otra forma, para que esos beneficios fueran para mí. Y me puse en marcha”.