Rosa Gil

Autor: PABLO BAUDET
Es la voz con la que se despiertan los domingueros más madrugadores. Desde su programa “Ana en Punto Radio”, la periodista y su equipo de colaboradores analizan la actualidad, repasan los eventos culturales y hablan de lo humano y lo divino. La presentadora nos acompaña hoy para contarnos
cómo se ve la vida al otro lado del micrófono.
MUJER HOY. El programa “Ana en Punto Radio” supone su regreso a la radio tras 14 años en televisión. ¿Cómo le ha sentado el cambio?
ANA GARCÍA LOZANO. Lo viví con cierto vértigo, pero la radio me da muchas más alegrías que la televisión, ¡y eso que yo no me puedo quejar! Soy muy feliz en este medio. Tienes más libertad y no estás tan encorsetada en un formato, puedes poner tu sello a lo que haces, eres más tú. Es más “artesano”. En la tele dependes de mucha gente. Pero no reniego de la pequeña pantalla. Es como preguntar a un actor si prefi ere el cine o el teatro. ¿Por qué intentas hacerme escoger entre mis hijos? [ríe].
MH. También ha cambiado de género, con un programa informativo.
A.G.L. Bueno, yo soy periodista y lo he sido en todos los trabajos que he desarrollado. Mi carrera en televisión me llevó por derroteros más frívolos: entretenimiento, “talk shows”, “realities”... Pero ya entonces me habría gustado hacer informativos. De todas maneras, a veces es más duro entrevistar a alguien no acostumbrado a hablar en público, que te va a dar un testimonio, que hablar con un actor o con un músico, que ya saben lo que tienen que hacer.
MH. A lo largo de su carrera, ha llevado programas muy complicados. ¿Qué le ha aportado cada uno?
A.G.L. “El programa de Ana” fue un gustazo y me enseñó a escuchar. Sigo reivindicando el “talk show” en el que se habla, en el que hay tiempo para contar historias. En “Ésta es mi historia” aprendí a estar alerta para reaccionar ante cualquier respuesta y a pasar de un tema a otro sin despeinarme. También aprendí mucho en mi anterior periodo en la radio; me dio un buen callo que me fue muy útil para ponerme ante la cámara. Y me resultó muy instructivo todo el trabajo que hice como redactora televisiva. Creo que todos deberíamos trabajar tras la cámara antes de hacerlo ante ella.
MH. Usted llegó a la televisión cuando se inauguraron en España las cadenas privadas...
A.G.L. Fue una experiencia muy buena. Todos éramos muy jóvenes, lo que fue una suerte porque nos metíamos unas jornadas de órdago con un gusto inaudito.
MH. Ahora trabaja usted menos horas, pero en una franja horaria curiosa: los domingos de 8 a 12 de la mañana.
A.G.L. Sí. Creo que la radio debe tener un sonido diferente en fi n de semana. Yo me imagino a mis oyentes desayunando con la radio de fondo, o preparando la comida, o yendo en coche a pasar el domingo fuera. Es un público variopinto y, al preparar los contenidos, hemos pensado en esa heterogeneidad. Por eso es tan divertido y variado.
MH. ¿No les resulta duro, a usted y a su familia, que trabaje en fi n de semana?
A.G.L. Un poco. Pero acabo a las 12 del mediodía y me sumo al plan familiar que haya. Mis dos chicos, mi marido y mi hijo, se levantan para escucharme (la niña es más dormilona). Y aunque me salto las obligaciones domésticas ese día, mi marido se ocupa de hacer las camas o lo que toque, que para eso somos dos en casa, igual de multifuncionales. En cualquier caso, soy una privilegiada. Mi trabajo es cómodo, me encanta y me permite pasar mucho tiempo con mis “peques”.
MH. ¿Qué piensan ellos de su profesión?
A.G.L. Ah, les encanta ir a la radio. Cuando hacemos un programa fuera de Madrid me los llevo a todos, hacemos de ello un plan de fi n de semana. Y algunas mañanas, cuando salgo muy temprano de casa, mi hijo abre un ojo y me dice: “¡Que te lo pases bien!”. Sabe lo mucho que me gusta mi trabajo. Yo les digo lo mismo, “¡que lo paséis bien!”, cuando se van al colegio. Creo que es una buena lección de vida, que tenemos que disfrutar de lo que hacemos.
MH. Tiene usted fama de implicarse mucho en las historias que relata.
A.G.L. Sí, creo que hay que hacerlo. Se te tiene que notar que te interesa la historia que tienes entre manos. Claro que también hay que ser capaz de desembarazarse de ellas en cuanto llegas a casa.
MH. ¿Cuál cree usted que es su principal virtud como comunicadora?
A.G.L. Tal vez, que siempre me muestro como soy. Pero eso es también un defecto: se me ve demasiado por dónde voy.