La modelo-presentadora-madre de familia numerosa da una nueva vuelta de tuerca a su carrera con un libro de título obvio: “Modelo”. Una guía de supervivencia para bellas.
Judit Mascó es guapa, pero por encima de todo es una profesional de la belleza. Llega a nuestra cita con el pelo húmedo y, como les sucede a tantas mujeres, dice que está desesperada porque no sabe qué hacer con su media melena. Pero ella no es una más. Formó parte de la galaxia de las top models de los 90, desfiló y posó para los mejores y hoy ha reconducido su carrera como una eficaz presentadora de televisión. Cuando estaba al frente del “reallity” de Cuatro “ Supermodelo”, se dio cuenta que aquellas chicas no tenían ni idea del mundo de la moda. Y decidió solucionarlo escribiendo un libro, “Modelo” (ed. Planeta). Lo que en principio iba a ser un quién es quién se acabó convirtiendo en todo un manual para modelos salpicado con sus experiencias sobre la profesión. Un filón.
MUJER HOY. ¿Por qué le ha dedicado este libro a Armand Basi y a Enrique Puig?
JUDIT MASCÓ. Eran dos personas a las que quería mucho y los dos nos dejaron mientras escribía este libro. Pensé que sería bonito agradecer a la gente que creyó en mí cuando yo no era nadie. Enrique Puig la eligió para su primer anuncio. Sí, yo tenía 17 años y era sólo una chica mona. En el casting dije que sabía llevar un catamarán, pero cuando me eligieron y confesé la verdad ya era demasiado tarde para cambiar porque Enrique sólo me quería a mí. A partir de ahí empezó una relación muy bonita y acabamos coincidiendo mucho porque él era el presidente del Salón Náutico de Barcelona y yo la presidenta del Festival de la Infancia, así que nos solíamos llamar “presidente” y “presidenta”. Me ayudó muchísimo presentándome a Carolina Herrera y fue gracias a él que la diseñadora me llevó a desfilar a Nueva York.
M.H. ¿Cómo era la Judit de 17 años?
J.M. Casi no me acuerdo, pero a raíz del libro he empezado a revisar mucho material y, cuando me veo, tan jovencita, tan poquita cosa... Yo me creía mayor y odiaba que mi madre me acompañara a todas partes. La situación de una joven modelo es contradictoria porque todavía no te has formado como persona, pero a la vez tú decides, trabajas duro, viajas, ganas dinero y eres una empresaria de tu carrera, aunque luego llegues a tu casa y tu madre te riña si no te acuestas a la hora o te terminas la verdura. Psicológicamente no es fácil.
M.H. ¿De dónde cree que venía su fuerza?
J.M. En mi casa me transmitieron que lo importante es el esfuerzo y que hay que luchar por lo que uno quiere. Como jovencita era alocada a veces, pero supe decir que no en los momentos apropiados.
M.H. En el capítulo del libro donde habla de los peligros se refiere a los “chupópteros”. ¿Recuerda alguna situación de la que saliera huyendo?
J.M. Unas cuantas. Yo también estuve en fiestas donde había señores mayores y a esa edad no me imaginaba qué es lo que hacían ahí. Eso no significa que la moda sea un mundo depravado porque al final tú tienes la libertad de decir que no.
M.H. ¿Cuál fue el desplante profesional que más le dolió?
J.M. El de Steven Maisel, que es el segundo o tercer fotógrafo más importante del mundo. Me llamaron para hacer una posible portada de Vogue América. Llegué y lo primero que me dijo el peluquero es que tenía que cortarme el flequillo. En ese momento cambiar mi imagen me podía perjudicar, pero no me dieron opción. Después de cortármelo y hacerme venir desde Barcelona, llegó el fotógrafo, me vio desde lejos y le dijo a su ayudante que me marchara porque no estaba inspirado. Me sentí como una mierda, humillada.
M.H. Se ha dicho que podía haber sido una de las top más importantes del mundo, pero que prefirió quedarse en Barcelona. ¿Es cierto?
J.M. Cuando el director de la agencia en París me dijo: “Estás en un nivel internacional muy bueno, ¿quieres ser una top?”, le dije que no, porque a ese nivel te anulan y yo no quería dejar de ser libre o de opinar. Para mí el trabajo nunca ha estado por encima de mi vida y de mis otras inquietudes.
M.H. ¿Fue duro cuando llegaron otras modelos más jóvenes y guapas?
J.M. No fue así exactamente. Lo que sucedió es que llegó la época “grunge” y de repente se llevaban las modelos que no parecían modelos, jovencitas sin pecho ni caderas. Ser guapa se volvió en mi contra. Me fue difícil aceptar ese cambio, hasta llegué a ir a algún casting con el pelo un poco sucio y con ojeras porque pensé: “Bueno, si esto es lo que se lleva...”.
M.H. Pero ahora todas las top “clásicas” vuelven a trabajar.
J.M. Porque al final la belleza gusta. Una buena carrera está en manos de mujeres bellas, capaces de gestionar su belleza y su profesión.
M.H. ¿Siempre se supo bella?
J.M. En absoluto. Pasé la adolescencia siendo muy alta, con un 40 de pie. Hasta me daba vergüenza tener los labios carnosos. Tenía muchísimos complejos.
M.H. ¿Le importaría si alguna de sus cuatro hijas quisiera trabajar como modelo?
J.M. Lo único que quiero es que sean felices, estén sanas, estudien y se preparen para lo que quieran.
M.H. ¿Le veían en el programa de “Supermodelo”?
J.M. La productora me mandaba el Dvd del programa y lo veíamos juntas el domingo por la tarde. Pero de mí no decían nada porque me tienen más vista que el tebeo. Siempre he tratado de transmitirles que lo que yo hago es normal, pero desde pequeñas han ido percibiendo que mi trabajo es un poco diferente. Íbamos por la calle y alguien me paraba y me pedía un autógrafo. No es fácil.
M.H. Está muy implicada en temas de la infancia y colabora con Intermón desde hace mucho tiempo. ¿Cómo ha influido su compromiso social en el hecho de que adoptara a una niña de Haití?
J.M. En mi primer viaje con Intermón a Mozambique me dí cuenta de que quería ser madre de alguno de esos niños. La vida es bonita y hay que ser agradecido porque una cosa te lleva a la otra. Las cosas personales se entrelazan con las profesionales y a todo se le puede sacar provecho, incluso a una profesión tan aparentemente frívola como la de modelo.
ESCUCHANDO LA VOZ DE LA EXPERIENCIA
En un mundo, en el que sólo el 5% de las que lo intentan triunfan, el libro de Judit Mascó debería ser de lectura obligatoria. “Modelo” es una guía de supervivencia para futuras Judits en la que se puede apreciar todo lo bueno y lo malo de la vida en la pasarela. Eso sí, sin dramatismos, porque como dice la propia autora: “En la moda hay un lado oscuro, como lo hay en la sociedad, ni más ni menos”.
Acérquense pues a esta obra los padres de futuras top y las principiantes... porque la información es poder.