El 20 de enero, su marido se convertirá en presidente de EE. UU. y todas las miradas están fijas en ella. Dos ex primeras damas le asesoran sobre la mejor forma de afrontar este reto.
Estados Unidos pronto tendrá una primera dama diferente, y no sólo por el color de su piel. Está en las antípodas de su predecesora, Laura Welch Bush, que evadía hablar con su marido de asuntos de trabajo, que jamás lo aconsejó ni criticó y que se sentía orgullosa de ser considerada una mujer corriente; Michelle Obama, en cambio, no pasa desapercibida y casi nadie se la imagina limitándose a ser la anfitriona de las cenas y fiestas en la Casa Blanca. De momento, se ha dedicado a ejercer su vocación de madre y esposa, pero ya se habla de la nueva era de “Mrs O”.
La primera dama con más estudios de la historia de EE. UU. “hará política” ejerciendo su influencia “moral y espiritual” sobre el presidente. Entre otros aspectos, su papel servirá para revisar la historia silenciosa de los afroamericanos, según los expertos. Con inteligencia, disciplina y una voluntad de hierro, todo hace prever que será una especie de asesora informal, pero poderosa, como lo fue durante la campaña. Eso sí: actuará, dicen, con más cuidado y discreción que Edith Bolling Galt Wilson (1915-1921), esposa de Woodrow Wilson y la primera dama que más ha influido sobre su marido. La llamaban “la presidenta secreta” y “la primera presidenta de EE. UU.”, y Wilson fue muy criticado por ello.
Todos elucubran sobre cuál será el estilo de Michelle. Según un sondeo de la CNN, el 66% de los estadounidenses cree que hará bien su papel. Por su parte, la revista Vogue le preguntó: “¿Qué clase de primera dama será?”. “La misma que ves en la campaña, porque eso es lo que soy”, zanjó ella. “Seré lo que mi país exige. Haré lo que sea necesario [...] y velaré porque el presidente no pierda el norte”, repitió durante la carrera electoral, donde se reveló como una excelente oradora.
¿Y ahora qué?
“Quedan muchas cosas por hacer –dijo Michelle Obama a Larry King, en la cadena CNN, el pasado mes de octubre–. Necesitamos otro modelo para las mujeres y yo quiero trabajar en ello, quiero utilizar mi posición para llamar la atención sobre los problemas femeninos. Tenemos que luchar para que todas las mujeres gocen de las mismas oportunidades que hemos tenido Sarah Palin y yo”. Ella asegura que su sarcasmo al hablar “se ha traducido mal al papel impreso” y le ha causado más de un problema sacado de contexto y utilizado en su contra. Incluso le ha valido, entre sus enemigos, el apodo de “Angry Black Woman” (mujer negra enfadada). Quizá por eso, la próxima primera dama no ha hablado mucho desde el final de la triunfal campaña electoral.
En los 76 días de transición entre las elecciones y la toma de posesión, se la ha visto visitando la Casa Blanca, junto al matrimonio Bush, y ha acompañado a su marido durante la primera entrevista que concedió el presidente electo, al programa “60 minutos” de la CBS. Allí, de la mano de su esposa, Obama habló de Irak, Guantánamo y la crisis financiera, y mencionó cuánto adora a su suegra; ella repitió que su prioridad será ayudar a sus hijas a adaptarse a su nueva vida, que se preocupa por las familias de los militares, por la educación y por contribuir a la comunidad. La cadena registró su mayor índice de audiencia desde 1999: 24,5 millones de espectadores.
Marian Robinson, la madre de Michelle, que se instalará también en la Casa Blanca, asegura que su hija tiene un carácter fogoso, amigable y tozudo, y que es una mujer “con los pies en la tierra”. Todavía resuena la frase que le lanzó a su marido en una de sus comparecencias electorales: “Eres maravilloso y tienes muchas cosas extraordinarias... pero eres un hombre y, como todos ellos, no eres perfecto, Barack”. Él, por su parte, bromeó en aquella etapa con el hecho de no no tener que competir con su mujer: "Perdería”, dijo.
El futuro presidente también ha reconocido que suele dejarse llevar. “Ella me dice lo que tengo que hacer y lo hago con placer, porque generalmente las cosas salen bien”, asegura. En su discurso de la victoria, Obama definió a Michelle así: “Mi mejor amiga en los últimos 16 años, la piedra fundamental de nuestra familia, el amor de mi vida”. Sin duda, será su principal cómplice y consejera en los próximos cuatro años.
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