María Aguirre

Autor: AFP
Foto: Nastia ya puede tratar como campeona de tú a tú a sus padres, ambos gimnastas y con exitosas carreras a sus espaldas
Nastia Liukin lleva unida a la gimnasia desde antes de nacer, por eso no es de extrañar que se haya convertido en una de las grandes triunfadoras de los Juegos Olímpicos de Pekín. Y es que tiene a quien parecerse. Es la viva imagen de su madre, la gimnasta rítmica Anna Kotchneva, campeona mundial de mazas en 1987, de quien ha heredado su estilo sobre el tapiz, además de su aspecto físico. Los genes de su padre, el campeón olímpico de gimnasia por equipos en Seúl 88 Valeri Liukin, han hecho el resto. Gracias a esta impecable combinación de técnica y arte, ha conseguido superar a sus padres en medallas y llegar a lo más alto del deporte internacional.
La imposibilidad de que sus padres pudieran pagar una niñera, hizo que Nastia Liukin se criara entre barras y anillas mientras sus padres entrenaban duramente, razón por la cual lleva toda su vida familiarizada con el mundo de la gimnasia. Con tan solo 6 años venció en su primera competición, y al cumplir los 12 años se convirtió en toda una gimnasta de élite.
El padre de Anastasia,el primer hombre que hizo un triple mortal en suelo, ganó cuatro medallas en los Juegos Olímpicos de Seúl (1988): dos de oro (equipos y barra fija) y dos de plata (concurso general y paralelas). Su madre, Ana Kotchneva, fue campeona mundial de gimnasia rítmica. A principios de los 90, la pareja dejó Moscú y se instaló en Dallas, donde crearon el World Olympic Gymnastics Academy, del que salió la también campeona olímpica Carly Patterson. Nastia es la única hija del matrimonio y su padre se ha dedicado en cuerpo y alma a hacer de su hija una campeona.
Tras acabar primera en varios campeonatos estadounidenses, Nastia consiguió su primer gran éxito en categoría absoluta al proclamarse, por primera vez, en el 2005, campeona de EEUU en el concurso general, paralelas asimétricas y barra de equilibrios. Ese mismo año, la gimnasta vivió una emocionante competición en los campeonatos del mundo de Melbourne, donde tuvo que conformarse con la medalla de plata tras quedar segunda, por tan solo una milésima de punto de diferencia respecto a su competidora, Chellsie Memmel.
Ahora, a sus 18 años, Nastia ha podido quitarse ese mal sabor de boca, alzándose con la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Pekín en la prueba de ejercicios combinados de gimnasia femenina. Todo un logro que debe en gran medida a sus padres, sus referentes no sólo en el terreno familiar, sino también en el profesional, ya que su padre, Valeri, es además su entrenador personal.
Nastia merece su puesto en el podio olimpico. Es una gimnasta completísima, que por primera vez en la historia de este deporte aplica al 100 % la plasticidad y sentido artistico de la gimnasia rítmica en la gimnasia deportiva. Sus saltos, amplitud de movimientos y expresión corporal heredadas de su madre se unen de forma magistral a la potencia y la técnica de su padre para convertirla en "la gimnasta perfecta". Su preparación ha sido intensísima, pero en su talento, sin duda, los genes cuentan.
Comprueba el talento que Nastia Liukin ha heredado de sus padres en este vídeo: