Sole Giménez: “Yo he cantado mi vida”

Inmaculada Ruiz

La cantante luce un vestido de tirantes con leggings negros, ambos de Plein Sud, zapatos ...

Autor: MARIO SIERRA

Foto: La cantante luce un vestido de tirantes con leggings negros, ambos de Plein Sud, zapatos negros con lazo de Imara y anillo de Agatha.

En 1983 se unió a Presuntos Implicados y poco después grabaron su primer LP, “Danzad, danzad, malditos”. Su estilo cercano al funky conquistó al gran público. En 1990 se casó con el alemán Thomas Engel, con el que tuvo dos hijos. En 2003 sacó su primer disco en solitario, “Ojalá”, con versiones de sus temas preferidos, y, en 2006, tras 23 años y 14 discos en común, decidió abandonar Presuntos Implicados y empezó a trabajar en “La felicidad”. Ahora nos muestra su lado más íntimo.

Su cuerpo es menudo y gracioso, su expresión, risueña, y tiene una piel de porcelana. Parece una muñeca. Educadísima, sensible y cordial, como sus canciones, está muy lejos de actuar como una diva y se preocupa de que todo el equipo se sienta a gusto. Y, además, acaba de sacar un disco llamado “La felicidad”. Visto así, todo parecería de “La casa de la pradera” si no fuera porque su fragilidad tiene la fuerza del acero y su amabilidad es el resultado de aprender que la vida es una sucesión de días como éste.

MUJER HOY. Vaya voz que tiene usted.

SOLE GIMÉNEZ. He aprendido a educarla. Empecé con una monjita colombiana que vino a Yecla (Murcia), mi pueblo, a montar una guardería. Era muy jovencita, una mulatita, y quería montar un grupo alternativo en la iglesia. Ya había una escolanía, pero nosotros éramos más…

MH. Más Concilio Vaticano II, con la guitarra y la espiga dorada por el sol.

S.G. Exactamente. Me puso de solista y no he parado de cantar desde entonces.

MH. Soledad la solista...

S.G. La sola, la Sole sola [risas].

MH. ¿Cuándo comenzó a cantar con su hermano Juan Luis?

S.G. En 1983. Él había empezado a tocar la guitarra con un grupo y, de golpe y porrazo, nos dijo que tenía unos temas y que quería grabarlos. Yo hacía los coros y él cantaba. Después, cuando estábamos con nuestro primer disco, un técnico le dijo: “¿Por qué no canta ella?”. Y él contestó: “Pues vale”.

MH. Su antiguo grupo, Presuntos Implicados, ha fichado a una nueva cantante. ¿Cómo lleva que sus “ex” estén con otra?

S.G. Pues yo no sé nada, me he apartado totalmente de ese asunto porque todavía es doloroso para mí. Habría preferido que mi grupo, porque me he dejado 23 años allí y siempre será mi grupo, mirara al futuro de otra manera, como he hecho yo; me da muchísima tristeza. Sin embargo, estoy separada, mi “ex” tiene su pareja, y he llevado muy bien eso.

MH. Pues seguro que también llevará bien lo del grupo, cuando reaparezca.

S.G. Lo voy a llevar peor. Es que son mis canciones, mi historia... Yo he cantado mi vida, y que ahora lo haga otra… No sé.

MH. Cuando una está sin pareja y tiene hijos, ¿se siente más sola o más acompañada?

S.G. En mi casa ya tengo una señora de 14 años, “mi pequeño tesoro” [le compuso una canción con ese título], y un niño de ocho. Por un lado, una se siente más acompañada. Sé que no estaré sola en mi vida: tengo a mis hijos, a mi familia, a mi pareja… Pero cuando estás sola ante el peligro de llevar el día a día de una casa, te pesa.

MH. Usted ahora tiene pareja.

S.G. Sí.

MH. Se nota en el disco; hay temas que relatan momentos duros y otros en los que aparece alguien. ¿Él es el “ángel” que da nombre a la canción?

S.G. No, ése es mi hermano pequeño. Es quien me ha sacado del foso.

MH. ¿Cómo recuerda ese foso?

S.G. Estaba muy abajo. La decisión de dejar el grupo fue muy dura y las circunstancias, más. Él me ayudó muchísimo.

MH. ¿Coincidió con su separación matrimonial?

S.G. No, eso fue un año y medio antes, no tuvo nada que ver. Y fue una decisión de pareja. El grupo lo dejé yo sola. Nadie se lo tomó bien y fue muy difícil. Pero conté con mucha ayuda de mi hermano y de mis padres.

MH. ¿Qué encontró en su hermano pequeño?

S.G. El apoyo que no tenía. He sufrido mucha falta de cariño, profesionalmente hablando (a lo mejor soy un poco débil en ese sentido) y en él encontré afecto. Ahora también saca un disco. Es un músico con un gran talento que no ha tenido la suerte que sí hemos tenido Juan Luis y yo.

MH. Es usted muy “madraza” con todo el mundo.

S.G. Sí, me preocupo mucho por la gente, en plan “niña, come un poquito” [risas]. Eso es muy murciano.

MH. “Escribir canciones es la mejor manera de exorcizar fantasmas”, dijo en una entrevista. ¿Qué espectros ha espantado con este disco?

S.G. Uy, muchísimos. Todo el mundo tendría que hacer una canción sobre cómo le va la vida y quitarse los miedos de encima. Yo estuve componiendo este disco casi un año y saqué todos los temores, las frustraciones y hasta la rabia, en alguna canción que no va en el álbum.

MH. ¿Por qué no la incluyó?

S.G. Porque no está bien alardear de ello. Para mí, hacer música es apostar por cosas positivas y acompañar en positivo con mis canciones. Pero, por ejemplo, el tema “Tan sola” es un grito.

MH. Cuando se escucha el disco se recibe la sensación de que quien canta no lo ha pasado muy bien.

S.G. Me sentí muy triste y sola. Esto nos pasa a todos en algún momento. Hay gente que está así, como yo en el disco. A mí me gusta emocionarles y acompañarles. Cuando ves gente que está como tú ya no te sientes igual.

MH. Pero la “película” termina bien, con temas muy optimistas.

S.G. [Risas] La de “Volver a encontrar la ilusión de vivir” me venía y no hacía falta que la grabara para recordarla, estaba dentro de mí. La puse la primera porque me apetecía que la gente viera que se puede encontrar la ilusión si te fijas en las pequeñas cosas.

MH. ¿Dónde la ha encontrado usted?

S.G. En mi hermano pequeño, en mi chiquitín, en mi nena…

MH. ¿Ha descubierto a su hermano menor ahora?

S.G. Nos llevamos 11 años y, al principio, yo le decía que era un mimado y él me daba patadas. Cuando cumplió 12 o 13 años ya empecé a descubrirle y ahora tenemos una relación mucho más íntima, me está ayudando muchísimo con mi disco, mi carrera, mi casa... Es mi mano derecha.

MH. En sus letras, siempre que habla de la tristeza se refiere al invierno.

S.G. Es que tiene mucho punto “dificilito” [risas]. Nos apaga, la luz es más fría, más distante... pero también nos refugia. A lo mejor es que las cosas me han pasado sobre todo en invierno.

MH. La soledad, Sole…

S.G. Es que llamarse Soledad pesa una barbaridad, es como llamarse Angustias, una cosa muy grande.

MH. Pero la soledad tiene su parte bonita, no como las “angustias”. ¿Ha aprendido a disfrutar de ella?

S.G. Síiii. Lo he aprendido más ahora, fíjate. Yo creo que en eso interviene la edad. Una, con suerte, se va conociendo con los años y va aprendiendo a estar con una misma. Y eso sólo lo da el tiempo, se construye con el día a día.

MH. ¿La edad le ha vuelto más tolerante o menos?

S.G. Más tolerante con todos. Comprendo más las cosas. Pero a la vez me he vuelto más clara en mis decisiones. Puedo decir: “Esto no lo quiero para mí”. Y creo que eso también es bueno; no es intolerancia, sino un rasgo de seguridad, y de decisión, de saber lo que una quiere.

MH. ¿Qué importancia tiene el amor de pareja en este momento de su vida?

S.G. Después de muchos años casada, he pasado tres sola y he aprendido a vivir sin eso. Me encanta estar enamorada y que alguien lo esté de mí, pero ahora no me lo tomo con la necesidad de cuando se tienen 20 años. Todo es más sereno, y soy feliz, como una perdiz. En estos años me han pasado muchas cosas, todas buenas. El resurgir está bien.

MH. ¿Hay que pasarlo mal para apreciar lo bueno?

S.G. No hay aprendizaje sin error. Se aprende del daño, del miedo, incluso del enemigo, que es tu mejor maestro porque te dice cosas de ti mismo que no ves a través de tus amigos. La vida es una escuela y el que no aprende de una manera lo hace de otra. Hay gente que necesita una enfermedad para aprender a vivir la vida.

MH. ¿Para encontrar el valor de las pequeñas cosas de las que hablaba?

S.G. Es que no hay otra cosa en la vida, si te fijas. La llenamos de grandes palabras, pero el día a día ¿qué es? Es sonrisas o no sonrisas, caricias, palabras, gestos pequeños que tienes con el de al lado o que no tienen contigo...

MH. ¿Por eso su disco se llama “La felicidad”?

S.G. La felicidad no es un regalo que te cae, es uno que te tienes que hacer tú, a través de tu actitud ante las cosas.

MH. ¿Qué ha aprendido de sus padres?

S.G. El valor del trabajo, de la palabra, de la sinceridad…

MH. ¿Y de sus hijos?

S.G. Uy, ¡a vivir! Tantas cosas… He retomado cosas que vas olvidando cuando te haces mayor: la ternura, los juegos, las risas… Y algo que no se aprende con nada más, un amor verdadero. Yo quiero mucho a mis padres, a mi hermano, pero… ¡mis hijos! No hay nada semejante a la seguridad de que darías tu vida por ellos.

CINCO DETALLES PARA CONOCERLA MEJOR

• Mi relax. “Me paso el día pintando mandalas. Tengo la casa llena de ellos”.

• Mis labores. “Soy muy buena ama de casa y sé hacer de todo. Que me guste ya es otra cosa [risas]. Pero me relaja mucho planchar”.

• Mi rincón preferido. “Mi habitación. No es que sea nada especial, pero tiene una luz preciosa y allí me suceden cosas muy bonitas”.

• Mis cuidados. “Me vigilo la piel y hago un poquito de yoga. Mi novio es muy natural, “macro” y muy “shiatsu”. Me da masajitos en los pies. También me cuida la dieta, me lo pone todo integral y yo estoy encantada. Pero sigo comiendo chocolate”.

• Mi ropa. “Me ha dado por el negro. Me sienta bien, me ayuda y me refuerza. Claro que tuve otra etapa así y luego no lo aguantaba, vestía todo de blanco. Con colores no me veo. Estudio “feng shui” y eso me afecta [risas]”.

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