Tres mujeres y una palabra

Rosa Gil

Tres mujeres y una palabra

Las actrices Malena Alterio (izda) y Esperanza Pedreño (dcha), y la directora Ángeles González-Sinde (abajo)acaban de insuflar vida a la novela de Elvira Lindo “Una palabra tuya”. En esta charla a tres bandas nos hablaron de cine, amistad, mujeres, hombres y madrugones.

Rosario y Milagros son dos barrenderas a las que la vida ha tratado a escobazos y que, a partir de una peculiar amistad, intentan no caer en la desesperación. Éste es el argumento de “Una palabra tuya” (estreno: 22 de agosto), la película intensa y tragicómica que ha unido a Malena, Esperanza y Ángeles. Ellas nos lo cuentan.

Ángeles González-Sinde. Esta aventura empezó cuando leí “Una palabra tuya”, de Elvira Lindo, y vi que había una película. El proyecto cogió vuelo y, muy al principio, entraste tú, Malena.

Malena Alterio. Sí, ya habíamos coincidido en el teatro y queríamos trabajar juntas de nuevo. Me apetecía mucho hacer esta película, pero me costó decidirme. Soy muy “cagona”, me gusta ir sobre seguro y saber que voy a estar a la altura. ¡Y éste era mi primer papel protagonista y el primero dramático que hago en el cine!

Esperanza Pedreño. Y el mío. El primer protagonista y el primer papel dramático. Y cómico. Y melodramático. El primero en general [risas].

Malena. Todo el mundo me decía que lo hiciera y me tiré a la piscina. Y luego nos lanzamos a la búsqueda de Milagros.

Ángeles. Hicimos muchísimas pruebas y nada. Y entonces me hablaron de Esperanza. Yo no veo la televisión por la noche y no conocía su serie.

Esperanza. Yo estaba en la playa cuando me llamaron y volví corriendo a Madrid para hacer la prueba. El personaje me encantó y empecé a pensar: “Ojalá me cojan, ojalá me cojan”.

Malena. Cuando nos conocimos, el productor y las directoras de cásting nos miraban riendo y decían: “Éstas son”.

Ángeles. Yo también lo vi enseguida y eso me alivió mucho. El cásting de Rosario y Milagros no era nada fácil.

Malena. Es verdad. Pero es que resulta difícil llevar una novela al cine. Trabajar en una adaptación es bueno, porque tienes una guía, y malo, porque te genera ansiedad. Esperanza. Y Elvira Lindo es una autora muy querida.

Malena. Claro, todas queríamos estar a la altura.

Esperanza. Mi madre había leído la novela y me hizo un “briefing”, para orientarme: “Mira, hija, Milagros hace esto por esta razón”. Pero el guión tiene solidez suficiente y añade cosas que no están en la novela, como el juego de objetos, que te ayuda a entender una trama con muchos saltos temporales.

Ángeles. Sí, yo quería que el espectador tuviera la misma sensación que yo había tenido como lectora, ese “aquí va a pasar algo” que te hace volver página tras página.

Malena. En el rodaje, mi obsesión era no caer enferma. Como estoy en todos los planos, habrían tenido que pararlo. Me cuidaba, salía poco... Y me hacía falta, porque algunos días llegaba a casa como si me hubiera arrollado un tractor.

Esperanza. Lo mío no fue tan laborioso, pero también tenía que centrarme y compaginarlo con “Camera café”. Por suerte, ensayamos mucho y llegué muy cómoda al rodaje. Ni recuerdo el momento en que me aprendí el texto. Cuando me puse ante la cámara, sólo pensaba: “Qué bien, ahora viene esta escena”, “qué pena, ya no la voy a hacer más”. Eso sí, los madrugones los llevé fatal.

Malena. Hicimos muchas noches, que son espantosas. Y lo peor es cuando terminas y te tienes que meter en la cama de día. ¡Qué horror!

Esperanza. Pero fue muy bonito adentrarnos en Milagros y Rosario, que, más que una psicología, tienen una filosofía de vida. Malena y yo trabajamos para construir la relación entre las dos, a base de un gesto, una goma del pelo... Incluso nos llamábamos por los nombres de los personajes. También fuimos a ver a unas barrenderas, ¿te acuerdas? A ellas les encantó, y luego formaron parte de la figuración.

Ángeles. Fue un rodaje intenso. Por suerte, mi madre recogía a mis hijos en el colegio, mi tía pidió permiso en su oficina para poder llevarlos... Tendría que haber puesto a su jefa en los agradecimientos. Es curioso, mi estupenda red familiar me ha ayudado a hacer una película que habla de la soledad y de la precariedad de las relaciones, de cómo un revés puede echarte a perder la vida.

Malena. También habla mucho de la mujer, de sus responsabilidades y cargas, y de cierto tipo de amistad.

Ángeles. Sí, Milagros es ese tipo de amiga que, tras colgar el teléfono, te hace gritar: “¡Qué pesada es!”.

Esperanza. ¡Y luego la vuelves a llamar! Es una amistad con dependencia, con obligaciones... A mí me gusta que la trama tenga tantas cosas. En el rodaje hacíamos bromas con eso: ahora va una del oeste, ahora una de cine negro, ahora una erótica.

Ángeles. En general, es un drama.

Malena. Algunas personas se extrañan de que dos actrices “cómicas” hagamos un drama. Pero yo no sé por qué hacen esa distinción, los dos géneros no están reñidos.

Ángeles. Es más difícil hacer reír. Un buen actor cómico podrá con un drama, pero el viaje inverso es más difícil. Yo quería conservar la habilidad de Elvira Lindo para pasar del drama a la comedia, y necesitaba actores capaces de eso. Como vosotras.

Malena. ¡Y Antonio de la Torre, que nos ha robado el corazón!

Esperanza. Su personaje, Morsa, es el único que se salva de la mezquindad. Vive ajeno a las miserias de las protagonistas.

Ángeles. Creo que las mujeres directoras hacemos personajes masculinos diferentes, somos más generosas. Cuando enseñé el guión, los amigos me decían: “Pero cómo se va a liar Rosario con Morsa, si es un calzonazos”. Si en un guión hay un hombre bueno y comprensivo, te dicen que es un blando. Me pasó igual con el Resines de “La buena estrella”, y con el marido de Adriana Ozores en “Heroína”.

Malena. Es que ellos se ven como fuertes, como potentes...

Esperanza. Tienen una imagen distorsionada de sí mismos.

Ángeles. ¡Y negativa! ¿No puede un hombre ser noble, buen compañero? Creo que nosotras tenemos mejor imagen de ellos. Siempre me toca defender a mis personajes masculinos. Por suerte, las dudas son sólo sobre el papel. En pantalla, a todos les gusta.

Esperanza. Ahora sólo falta que la gente vaya a verla. Y que le guste a Elvira Lindo. Y a nuestras madres...

Ángeles. ¡Y que se lleve un Goya! Y como lo difícil es que te nominen, porque cada año se hacen más largos y el número de candidaturas sigue siendo el mismo, voy a aprovechar mi cargo y a aumentar las nominaciones a 10, sólo por este año [ríe]. Es una broma. Con las películas no hay que tener expectativas, sólo deseos.

Malena. A nuestras madres les va a gustar. Y si no... ¡Cuidadito conmigo! En cuanto a los espectadores, al principio nos identificarán con nuestros personajes de la tele. Pero mira, si con eso se animan a ir al cine, me parece estupendo que salgan diciendo: “Pues a mí me gustaba más con el portero”.

SEÑAS DE IDENTIDAD

Esperanza Pedreño (Albacete, 1974)
Debe su popularidad a la extravagante Cañizares de “Camera café”. Con “Una palabra tuya” ha dado el salto a la gran pantalla. Actualmente prepara la adaptación española de la serie británica “Doc Martin”.

Malena Alterio (Buenos Aires, 1974)
Hija y hermana de actores, se curtió en la pequeña pantalla, gracias a “Aquí no hay quien viva”. Ha trabajado en películas como “Torremolinos 73” o “La torre de Suso”. La próxima será “Al final del camino”.
 
Ángeles González-Sinde (Madrid, 1965)

Es directora, guionista, escritora y, desde 2006, presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. Pronto veremos dos filmes con guión suyo: “Siete minutos” y “Otra ciudad”.


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