La presencia femenina en la política

Amelia Alas

La presencia femenina en la política

Autor: EFE

La Ley de Igualdad que obliga a los partidos a presentar listas electorales paritarias (ningún sexo puede sobrepasar el 60% ni estar por debajo del 40%) es la responsable de que en esta campaña tengamos la mayor participación de candidatas en nuestra historia. Las preguntas surgen de forma inmediata: ¿se han planteado los partidos una estrategia de comunicación distinta para ellas por el hecho de ser mujeres? ¿Comunican de forma diferente con el electorado? Analizamos si su presencia cambia las reglas del juego.

INTERCAMBIABLES

Hasta ahora, la política ha sido territorio masculino. Incluso con un futuro inmediato en el que la mitad de los parlamentarios serán mujeres, la presencia femenina es frágil. Un estudio de la filósofa Alicia Miyares demuestra que las mujeres son renovadas en los cargos cinco veces más que sus compañeros, un terrible obstáculo para la consolidación de liderazgos: ellos son inamovibles; ellas, intercambiables.

Esta falta de consistencia
se traduce en dificultad para la puesta en escena. Dolors Renau, psicóloga con larga experiencia en formación de políticas, que fue diputada y europarlamentaria, reconoce que “lo más difícil es atreverse a hablar, ser capaces de decir algo y conseguir que les hagan caso”.

Es un problema tan común que la Fundación Jaime Vera del PSOE ha editado un “Recetario de mujeres para la práctica política”. En él se recogen consejos para un discurso eficaz y se mencionan una serie de circunstancias, llamadas “técnicas de dominación”, por las que son relegadas o boicoteadas por los hombres. Las más utilizadas son la ridiculización, mediante chistes que refuerzan actitudes machistas; la invisibilidad, al no darles la palabra o no convocarles a las reuniones; las proposiciones piratas (ideas que parecen pasar desapercibidas y que alguien roba); el menosprecio, bajo una apariencia cariñosa o paternalista, con expresiones como “No entiendes...”, “Te contradices...” y otras que parecen menos agresivas: “¡Qué guapa te pones cuando te enfadas!”. Y las interrupciones: en EE.UU. vieron que el 90% de las producidas en los debates son masculinas.

MUCHO MÁS CERCANAS

Y una vez en posesión de la palabra, ¿qué lenguaje emplean las mujeres? Para Dolors Renau, más sencillo y comprensible que el de los hombres. Rosa Díez, la única española cabeza de partido político, candidata al congreso por UPyD (Unión, Progreso y Democracia), lo confirma: “No he sido yo quien lo ha constatado, son los hombres quienes han percibido que en mi discurso hay mayor concreción en el lenguaje. En mis propuestas no hay rodeos y ellos lo dicen: “Cómo se nota que eres mujer, vas al grano”.

No sólo se trata de usar un lenguaje más claro y concreto. “La mujer está mucho más conectada con las emociones y cuando comunica lo hace con un porcentaje emocional mucho mas alto”, declara Adriana Kaplan, “coach” de comunicación. Eso es lo que provoca una mayor proximidad con la gente, no es algo que deban buscar, planificar o fingir, como ocurre a veces con los hombres. “A mí me sienten cercana –continúa Rosa Díez–. Me llaman por mi nombre y dicen: “Cómo entiendo lo que habla”.

EL VALOR DE SER AUTÉNTICA

Soledad Becerril, cabeza del PP por Sevilla, reconoce que aprende de quienes le dan su opinión, ya sean elogios o críticas. Este contacto también lo busca Carmen Calvo, candidata del PSOE por Córdoba: “Doy mi discurso y dedico el mismo tiempo a responder preguntas. Creo que hay que aportar valentía a la política, algo que no suelen hacer los hombres”.

El lenguaje político, hasta ahora patrimonio masculino, está gastado. Por eso, como apunta Dolors Renau, “las que se atrevan a ser ellas mismas, comunicarán mas eficazmente. Y no es fácil porque no tenemos tradición política y nos sentimos miradas de otra forma”.

Hubo un tiempo en el que se trató de lo contrario: de luchar por ser iguales, de no diferenciarse, hasta el punto de que sólo recientemente se ha reconocido que entre los “padres” de la Constitución había mujeres, exactamente 21. Después, algunas políticas, sobre todo feministas, empezaron a reivindicar los derechos de la mujer con un lenguaje que diera visibilidad a la mitad de la población. De hecho, el “Recetario de mujeres para la práctica política” insiste en recordar que se hable de los logros, méritos, valores y capacidades de las mujeres con el fin de empoderarlas, es decir, potenciar su papel en la sociedad. “Sólo escuchando un discurso se puede saber la ideología de quien lo da”, señala Montserrat Boix, periodista, creadora de la web “Mujeres en Red”. Decir ciudadanos y ciudadanas, por ejemplo, es un gesto que, aunque ya tengamos ocho ministras, considera aún necesario: “En otros niveles políticos todavía hay gran invisibilidad”. En el recuerdo quedan Carmen Romero hablando de “jóvenas” o Esperanza Aguirre, al definirse como “lideresa”.

Soledad Becerril no cree que haya que hacer distinciones en el lenguaje. Ni Rosa Díez: “Está muy bien para el discurso feminista y no dudo de que, gracias a él, se han conseguido grandes logros, pero es una estrategia de los hombres que piensan que, con el cambio de las formas, está todo hecho. Lo que hay que cambiar es el fondo, con políticas igualitarias. Pero no necesito apelar a una realidad: que soy mujer”.

LAS LÁGRIMAS DE HILLARY...

Carmen Calvo, sin embargo, advierte del peligro de perder ese discurso: “Los hombres se han dado cuenta de que lo feminista cotiza y se lo quieren apropiar. El feminismo busca la voz propia y ésa es sólo nuestra”. Esa voz, que Calvo identifica con “color, sonrisa, lenguaje del corazón, capacidad de decisión y autoridad”, hay que construirla frente al arquetipo masculino que, dice, ofrece automáticamente credibilidad. “Hay mujeres que adoptan un comportamiento masculino porque creen que así llegan antes. Pero otras pensamos que no debemos renunciar a la realidad de ser mujer. Mi prestigio está en pelear por ser así”.

Quizá una de las que menos se ha permitido ser mujer es Hillary Clinton. De hecho el argumento que esgrimió para rechazar su aparición en la portada de Vogue es que no quería dar una imagen femenina. Lo curioso es que las lágrimas que empañaron sus ojos tras la reñida victoria sobre Barack Obama en las primarias de New Hampshire le pudieron hacer ganar el favor del público. “Muchas políticas intentan controlar sus emociones y pierden credibilidad –dice Adriana Kaplan–. Una cosa es controlarlas para que no vayan en tu contra y otra, reprimirlas”.

 ...Y EL SEDUCTOR SARKOZY

Porque se pueden controlar a favor, es decir, haciendo que salgan las que generan empatía. A juicio de Kaplan, el problema viene cuando se autocensuran: “Muchas mujeres se niegan a usar sus armas de seducción porque creen que está mal, pero los hombres no se plantean jamás dejar de ser hombres”. Ése fue el caso de Nicolas Sarkozy en el debate televisado frente a la socialista Segolene Royal. “Ella acudió a examinarse como política y él, a seducir a los teleespectadores. Así que puso en práctica todas las técnicas y eso provocó una gran inquietud en Segolene, la desestabilizó”, afirma la experta. Porque, como dice Carmen Calvo, “el peligro está en utilizar el código masculino, en no ser nosotras mismas”.

El camino ha sido muy duro y todavía no ha terminado. Renau tiene claro cuál es el siguiente paso: “A partir de ahora, el reto estriba en que las mujeres se atrevan a plantear cómo quieren que sea la política”.

¿QUÉ PASA CON LOS HOMBRES?

En 1980, las listas de los partidos tuvieron una presencia del 13,2% de mujeres y la situación incluso empeoró en 1984. Desde entonces, el incremento ha sido lento pero constante: del 17,5% de 1988 se pasó al 34,9% de 2004. El próximo 9 de marzo, la presencia, tanto masculina como femenina, oscilará entre el 40% y el 60 %, como establece la Ley de Igualdad. “En público quizá no lo reconozcan, pero en privado lo dicen: los hombres se sienten invadidos”, señala Dolors Renau. Y es comprensible, “porque han gozado del poder durante siglos”. “Los hombres se sienten amenazados en todos los ámbitos –comenta Rosa Díez–. Antes sólo tenían que competir con otros hombres y ahora deben hacerlo además con mujeres”. Carmen Calvo cree en la intuición masculina: “Me temo que están intentando que nosotras nos adaptemos a su forma de hacer política, sin tener que transformarse”. “Ellos no acaban de entender por qué la mujer no emplea todas las armas que tiene. Son conscientes de que cuando eso ocurra el mundo será de las mujeres porque están más capacitadas para tomar decisiones”, concluye Adriana Kaplan.

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