Son la envidia de muchos: viajan por todo el mundo buscando las mejores playas para domar las olas en plena descarga de adrenalina. Aunque han tenido que aguardar su momento.
Antes tenían que esperar a sus amigos surfistas sentadas en la arena de la playa. En los 60 y 70 empezaron a tomar las tablas y en poco tiempo se ganaron el respeto de todos. Hoy cuentan con sus propios circuitos mundiales y una legión de seguidores que las admiran mientras se deslizan por las olas de medio mundo. Y en ese selecto grupo de deportistas de elite, una camarilla de españolas se ha hecho con los primeros puestos mundiales.
Para ellas, el surf es mucho más que una exhibición deportiva: se trata de todo un estilo de vida. A pesar de las largas sesiones de entrenamiento, las horas muertas en los aeropuertos o los riesgos de que un accidente acabe con sus ilusiones, aseguran que el momento de coger una ola compensa todo lo demás. Si pudieran, nunca se bajarían de la cresta.
Gisela Pulido, 15 años, cinco veces campeona del mundo de kitesurf: “Es una pasada haber conocido medio mundo”
Le encantan el olor del mar y los deportes de riesgo y ha viajado por medio mundo practicando kitesurf. “Es una pasada. Pero no me puedo quedar mucho tiempo porque tengo que estudiar”, dice. No se cree una niña prodigio, aunque ha sido la más joven nominada a los Laureus World Sports Awards (los Oscar del deporte). “Soy muy normal, sólo que tengo menos tiempo que otra gente de mi edad y algunas amigas mucho mayores que yo”.
Llegó al circuito mundial en 2004, a los 10 años, y desbancó a las más grandes, mujeres hechas y derechas. Antes había tenido que convencer a los suyos de que estaba preparada. Pasó dos años en la arena, aprendiendo a manejar cometas; a los ocho años, su padre la dejó subirse a la tabla. Recuerda el día a la perfección. “Había poco viento y todo me parecía gigante: la tabla, el arnés… El mar me tiró dos veces; a la tercera logré mantenerme”. Y ahí sigue. En lo más alto.
• Mi playa favorita: Tarifa. No tiene nada que envidiar a las playas de Brasil o Australia.
• La ola perfecta: Me van bien las chiquititas, muy perfectas, que son como una rampa para impulsarte. Cuando practico surf prefiero las enormes, te diviertes un montón.
• Un sueño: Que el kitesurf sea deporte olímpico... y participar en los Juegos.
• Mi próximo reto: Ganar en el mismo año los dos circuitos mundiales profesionales.
Eunate Aguirre, 26 años, primera en el ranking mundial de bodyboard: “Sin olas, incluso me cambia el humor”
Desde pequeña, asociaba la playa con diversión: hacer trastadas, jugar con la tabla y, sobre todo, coger olas. Por eso, cuando a los 15 años los patrocinadores fueron en su búsqueda, se lo tomó como un regalo. “Para mí, el bodyboard empezó como algo que me gustaba muchísimo y por eso mismo le dedicaba más tiempo –dice–. Los patrocinios fueron la recompensa a ese tiempo. Lo único que tenía que hacer era competir, que me encanta. Siempre tengo ganas de coger olas. Si paso mucho tiempo sin ellas me cambia hasta el humor. Llevamos dos semanas sin ver olas en Sopelana y mis amigos dicen que estoy insoportable”. Fue la primera de su familia en dedicarse a este deporte, “aunque ahora ya todos están muy puestos porque, por mi culpa, se han tragado un montón de competiciones”. Y aunque los viajes y el invierno –estación en la que se traslada a Canarias– la mantengan alejada de sus parientes, asegura que su apoyo es muy importante. “Siempre tengo morriña –explica–.
Mi temporada empieza a finales de febrero y no termina hasta diciembre, así que estoy prácticamente todo el año viajando”. Pero es que el bodyboard, para ella, es más que una afición o una profesión. Es un estilo de vida que engancha. “Tengo muchas amistades en el circuito: somos un grupo de chicas que viajan por el mundo, con los mismos intereses e inquietudes. Aunque existe la parte competitiva, el buen rollo está presente. En Hawai, donde pasamos unos 20 días, hacemos barbacoas y nos vamos de excursión siempre que podemos, como cualquier cuadrilla”.
Pero no todo es disfrutar y divertirse. “El entrenamiento es duro porque requiere una disciplina –precisa Eunate–. Y, además, siempre está el riesgo de sufrir un accidente. Yo, por suerte, sólo he tenido un momento así, y fue hace muchos años, en Panamá. Tuve un accidente con el coral, me golpeé con la cabeza en el fondo y me quedé inconsciente. Pero no puedes salir a competir pensando en eso. Soy bastante prudente y un susto lo tiene cualquiera”.
• Mi playa favorita: Las de Hawai, aunque lo cierto es que Sopelana, en el Cantábrico, también me tira mucho.
• La ola perfecta: La “pipeline”, sin ninguna duda: el océano entra con mucha fuerza y hace que la onda adquiera mucho tubo.
• Un sueño: Poder seguir viviendo de este deporte muchos años.
• Mi próximo reto: Llegar a conquistar el título de campeona mundial este año.
Marina Alabau, 23 años, número 1 del ranking mundial de windsurf: “Mi vida gira en torno al deporte, esto termina siendo un vicio”
Cuando se le pregunta por su lugar de residencia, dice que no tiene uno fijo. En la elite del windsurf, los hoteles son el hogar. “Te acostumbras –dice–. Echas de menos a tu familia y a los amigos, pero acabas formando pandilla con los del circuito. A lo que no te haces es a las peleas en los aeropuertos por el exceso de equipaje, porque te pierden el material, porque te dicen que la tabla no cabe… Pero no podía ser todo bueno”.
Descubrió sus aptitudes por casualidad, en un cursillo. A los 13 años disputó y ganó su primer campeonato del mundo y a los 16 entró en el equipo preolímpico. “Entreno, miro el tiempo, vigilo las olas... Mi vida gira en torno al windsurf y me encanta. Termina siendo un vicio. Me cuesta mucho estar en una ciudad sin mar”. Pero se lo toma con tranquilidad. “No siento ninguna presión. El windsurf me divierte. Si lo viera como una obligación, tal vez tendría peores resultados. Espero disfrutar muchos años. Por suerte, nuestra vida profesional es más larga que en otros deportes”.
• Mi playa favorita: El Puerto de Santa María o Tarifa. Son los mejores lugares del mundo para navegar. Prueba de ello es que muchísimos extranjeros que se dedican al windsurf viven aquí.
• La ola perfecta: Las de Nueva Zelanda, que son grandes y fáciles.
• Un sueño: Traerme unas cuantas medallas olímpicas a casa y llegar a ser, algún día, entrenadora del equipo preolímpico femenino.
• Mi próximo reto: Quedar vencedora del Campeonato del Mundo de este año.
Garazi Sánchez, 17 años, promesa nacional en el Campeonato del Mundo de Surf: “No entienden que me vaya hasta Australia por una ola”
En Portugal logró la tercera posición en el Pro Junior Europeo sub 21, pero apunta más alto. Está considerada una fi rme promesa, aunque ella cree que “lo que importa son los resultados. Por mucho que digan que podré llegar a campeona mundial, lo que cuenta es serlo”. Aun así, reconoce que va por buen camino, desde que a los siete años se metiera en el mar con una tabla intentado “copiar” a su hermano mayor.
Ahora viaja a menudo con él, aunque también ha aprendido a desenvolverse sola, aprovechando para aprender idiomas: “A veces paso hasta dos meses fuera, por lo que le saco partido a todo. Sé que esto se puede acabar en cualquier momento por una lesión, por ejemplo. Cuando vuelvo de un viaje me toca ponerme las pilas y estudiar. Este año he aprobado todo y por eso podré irme a Indonesia en septiembre”. Es una amante del deporte, pero deja claro qué lugar ocupa el surf: “Hay gente que no entiende que te vayas a Australia por una ola, y es que es difícil de describir. Para mí es mucho más que un hobby. Lo que disfrutas haciendo surf... No creo que nunca deje de divertirme”.
• Mi playa favorita: Sopelana, porque, además de ser una playa estupenda para practicar surf, es donde se encuentran todos mis amigos.
• La ola perfecta: La “snapper rocks”: de derechas, con mucha fuerza y recorrido.
• Un sueño: Poder seguir viajando y disfrutando del surf, y vivir de él.
• Mi próximo reto: Llegar a estar este año entre las tres mejores del mundo.