Rosario Flores:“Voy a comerme el mundo”

Rafael Pontes

Rosario Flores:“Voy a comerme el mundo”

Autor: ABC

Dice que ni ha llegado al ecuador de su carrera. Rockera, madre, modelo, actriz...Con 44 años y un nuevo disco, está preparada para iniciar otra etapa más, y arte no le falta. Su octavo disco, ”Parte de mí”, es un homenaje a 11 canciones que han marcado su vida. Descubre qué se esconde detrás de su último trabajo.

Tiene claro que ha nacido para vivir, primero, y para ofrecer todo su arte, a continuación. Quizá por eso, su octavo disco, “Parte de mí”, es todo un regalo para sus incondicionales: una recopilación de las canciones que han marcado su vida, llevadas a su propio terreno. Pero ya se sabe, el artista lo es hasta fregando platos y Rosario ha derrochado genio entre las personas que han hecho posible este reportaje, en una mañana de primavera en Madrid. Todos se despiden efusivamente de ella, con frases como “Qué gusto trabajar contigo” o “Ha sido un placer, espero que repitamos”.

MUJER HOY. Qué curioso tanto aplauso cuando durante mucho tiempo le ha precedido una imagen…

ROSARIO FLORES. Sí, de antipática, eso decían de mí. Lo que pasa es que yo era rebelde, luchaba mucho por mis cosas y, claro, o pasas por el aro o eres poco simpática. Recuerdo que si venía alguien muy importante y me daba una idea que no me gustaba, luchaba contra él fuera quien fuera. Ahora estoy más relajada, es verdad, pero sigo siendo rebelde. Creo que la gente me ha visto así más que antipática y desde luego nunca me he visto así.

M.H. Quizá es el problema que persigue a las mujeres que tienen carácter o saben decir no.

R.F. Yo tenía mi handicap, porque he sido Rosariyo antes que Rosario, he tenido que decirle a mi madre que no me ponía con ella en las revistas, enfadarme hasta con mi padre, no ir a fiestas que no me apetecían, decir no a muchas cosas que me ofrecían… ¿Sabes lo que pasa? Siempre he admirado mucho mi arte y eso es muy importante, así que no lo puedo regalar. Por eso tengo que hacer las cosas de verdad; si no, sufro mucho.

M.H. Ya lleva 16 años de carrera en la música y han llegado las recompensas.

R.F. Evidentemente, pero ahora nadie sabe lo que fue salir con “De ley”, en 1992, en la sala Morocco de Madrid. No me había visto ni mi madre ni mi familia ni nadie… ¡Imagina! Ninguno sabía lo que yo era en un escenario, porque decidí tenerlo guardado hasta que fuera el momento. Y allí, aquella noche en el Morocco, fue la primera que lo di para quien lo quisiera ver. Salió al escenario Rosariyo y bajé siendo Rosario. Desde entonces, la gente me quiso, me sigue queriendo y ésa es la mejor recompensa, porque lo mantengo. Eso no hay ni un premio Grammy que lo pague. ¿Un éxito? Es relativamente fácil. Pero una carrera… eso es otra cosa.

M.H. ¿Tropezó con mucho escéptico?

R.F. Muchos, pero como veían que lo mío era meditado, sólo trataban de llevarme a su terreno: que no fuera con tantos músicos, que me pusiera minifalda, que cantara copla… Pero no esperé hasta los 27 años para hacer lo que me dijeran otros. Yo quise ser artista desde que nací, pero esperé para no regalar mi arte y no cantar por cantar, sino para expresar mi energía, algo muy puro en mí, y para no mentir.

M.H. ¿En ningún momento le invadió la impaciencia durante la espera?

R.F. Sí, tenía miedo de estar perdiendo el tiempo, de que se me pasase la edad, de que las circunstancias me impidieran salir. Por eso me metí en el cine, y el cine se metió en mi vida, para que empezaran a mirarme en serio y dejar de ser Rosariyo. Y aquella noche que salí al escenario, me daba igual lo que dijera la gente. O salía o me moría.

M.H. En este tiempo, han visto la luz siete discos inéditos. Parece que le ha costado sacar uno especial de versiones.

R.F. Sí, porque tengo muchas cosas que dar todavía, y este disco es sobre todo para mis seguidores, que llevan años pidiéndomelo hasta por la calle. Siempre he sido reacia, porque tengo mucha música dentro de mí. Ahora habrá 30 temas en mi cajón, compuestos en los últimos meses.

M.H. ¿Cuándo llegan las canciones?

R.F. Hay temporadas en las que estoy muy inspirada y otras en las que pasan los meses y nada. Cuando estoy bien, he llegado a hacer tres canciones cojonudas en una noche. Eso nunca se sabe. El pensamiento es una puerta cerrada a la inspiración. Si pienso y utilizo la mente, la magia se va. Como yo quiera escribir, malo. Y ahora estoy en un momento muy creativo, porque me he comprado un ordenador y estoy encantada, haciendo mis chapuzas [risas].

M.H. ¿Mejor que nunca?

R.F. Soy una fuente de música, podría hacer miles de canciones, buenas, malas y regulares. Siento que me estoy transformando. Lo siguiente será hacer un disco en directo, porque quien no vea eso no sabe quién soy. No es que vaya a decir adiós, pero sí me renovaré. Siento que voy a vivir un cambio, pero no para ser más moderna o más clásica. A mí, me sube alguien con una guitarra y eso, será siempre. ¿Qué lo puedo adornar con cosas nuevas? Vale, pero si la modernidad te quita autenticidad, prefiero ser auténtica.

M.H. Da gusto escucharla hablar así.

R.F. Me voy a comer el mundo, fíjate. Estuve dos años parada porque nació mi hijo, Pedro Antonio, que está maravilloso. Luego me quedé embarazada de nuevo y lo perdí. Yo quería ser madre y eso no me permitía hacer el disco en directo que me gustaría. Pero voy a disfrutar tanto éste… ¿Ves? La vida te quita, pero siempre te da por otro lado. Este lapso de tiempo ha permitido florecer el nuevo disco de la Rosario que quiero ser, porque me queda mucho camino, no estoy ni en la mitad de mi carrera. Además, vivo un momento sentimental maravilloso [está casada con el ayudante de dirección Pedro Lazaga desde 2006, aunque llevan cinco años de relación] y eso me da fuerza para cantar y bailar hasta que me muera.

M.H. ¿Le preocupa el paso del tiempo?

R.F. El arte siempre lo tienes. Mira mi madre, los Rolling o Aretha Franklin, se enriquece su arte con los años. A lo mejor ya no saltaré como cuando tenía 20 años, pero haré cosas distintas. La vejez la voy a llevar fenomenal y como nunca he ido de bonita, sino más bien de atractiva, pues espero llegar a los 70, al menos, atractiva [risas].

M.H. Pero la naturaleza no se ha portado mal con usted...

R.F. Me dieron buenas “hechuras”, sí, mucha nariz, la cara muy larga, pero bien… En la personalidad está la belleza, ¿no? Pues te prometo que el que me ha gustado le he gustado yo, nunca he tenido problema [risas]. ¡Y ponerse un vestido y que una se vea guapísima es un subidón de adrenalina total! ¡Y ayuda!

M.H. ¿Cuántas veces le han animado a hacerse un cambio en su pelo?

R.F. Algunas, pero el pelo rizado es muy malo para los cortes modernos. O te lo cortas fino y eres una esclava de él, o no. Y yo no soy víctima de nada, porque me gusta vivir, y mi vida es el espíritu gitano. Mis ambiciones son sanas. Si llegan las cosas grandes, mira tú que bien, pero en los pequeños detalles está la felicidad. Que me dejen como estoy, ganar el dinero suficiente para que a mi familia no le falte de nada y que la vida me vaya dando regalitos.

M.H. Habrá quién piense que eso es sólo una forma de hablar.

R.F. Yo tuve la oportunidad, sobre todo al principio, de quedarme en Miami y abrirme camino en Estados Unidos, pero necesitaba vivir en España, con mi gente y la tortilla. No me puedo ir a vivir a América “por mi carrera”, como se dice. No tengo que sacrificarme para llegar a ser artista, como se entiende allí, porque ya lo soy. Eso es la educación gitana.

M.H. La educación que le dieron Lola Flores y Antonio González. ¿Ahora es más consciente que antes de quiénes fueron?

R.F. Por supuesto, cuando eres jovencita no te das cuenta de nada. La vida te va rasgando el corazón y ves lo importante que eran. ¿Recuerdas lo que decía de salir con ellos en las revistas? Ojalá estuvieran ahora, estaría encantada de salir con ellos donde fuera. La vida debería ser más larga, que los años fueran dobles, que la juventud durara más. Ahora me siento como un león, canto y bailo, no me asfixio, y estoy mejor que a los 30, porque tengo mejor cabeza.

M.H. ¿Le sorprende que su madre se haya convertido en un mito, gracias a su arte pero también a su vida, a sus amores y a su historia?

R.F. Lola Flores era genial en todo. La vida está escrita en algún sitio y ella dejó una ola de amor. Siento que la gente me daría hasta un huevo frito en sus casas por ella, artista desde por la mañana hasta la noche. No se la podía aguantar. Sinceramente, por encima del bien y del mal, se basaba en conceptos que en la sociedad actual no existen, sin complejos, sin temor a que nadie le fuera a quitar el sitio.

M.H. Con sus pros y sus contras, ¿la vida se ha portado bien con Rosario?

R.F. La vida se ha portado bien conmigo, claro que sí. Soy tan feliz como cuando vivía con toda mi familia. Vivo de mi música, la gente me aplaude, tengo mucha salud… mis padres me llenaron para esta vida y para otra. Mi única pena es que mi hermano se fuera tan pronto, eso es algo que llevaré siempre. Pero he tenido recompensa. Nunca vuelves a ser quien eras, pero decir lo contrario sería ser una desagradecida.

M.H. ¿Algún esbozo de la nueva Rosario?

R.F. La nueva Rosario no se puede definir en conceptos, porque entonces me pierdo. No puedo pensar en cambiar, cambiaré y punto. Tiene que ser de verdad, no lo puedo planear. El lenguaje de lo natural se basa en la ley del mínimo esfuerzo, en la que se basa el arte. Al menos para mí.

FLORES "POWER"
Rosario estaría encantada de que la energía de los Flores pasara de generación en generación. “Cuando nos vemos todos, me doy cuenta de los padres que he tenido. Ellos dos, juntos, eran una bomba explosiva. Así salimos los tres. Y cuidado con lo que viene”.

• Elena Furiase Flores. “Es una niña buenísima, una pedazo de actriz. La niña de mis ojos. Ojalá haga grande nuestro apellido”.

• Alba Flores Villa. “La más artista en plan musical. Creo que es como yo; se está reservando porque es muy pura y no puede mentirle al arte que sabe que tiene”.

• Lola Orellana Flores. “Con la cara, los ojos y el pelo que tiene, como si no quiere cantar ni bailar [risas]. Guapísima, va a ser cañón. No se va a creer nadie que es la hija de Rosario, fíjate. Yo, con mucho orgullo, la veo sobre todo actriz”.

• Pedro Antonio Lazaga Flores. “Ojalá toque la guitarra, la batería, el cajón, y me cante y me baile… Verás las que va a formar”.

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